¿Es posible rehabilitar a la izquierda?

Santiago Navajas

Un buen ejemplo de lo difícil que es "rehabilitar" a alguien con tendencias criminales lo muestra la izquierda. Mira que hemos tratado, con paciencia y cariño, de enseñarles los fundamentos básicos de la economía de mercado, la lógica de la investigación científica y los principios del Estado de Derecho. Pues no hay manera. En cuanto te despistas, cargan contra los tratados de libre comercio (imitando, los extremos se tocan, a Donald Trump), se hacen fans de regímenes dictatoriales (como Cuba y Venezuela), organizan campañas anti vacunas o anti transgénicos y/o te montan un golpe de Estado o un concierto de rap en los que amenazan con volar por los aires las instituciones democráticas.

Gran parte de la izquierda política y mediática -de Jordi Évole a Pablo Iglesias, pasando por Felipe González y Pérez Royo- está tratando de infravalorar el golpe de estado en Cataluña. Hay una etiqueta en Twitter, #LlibertatPresosPolítics, con la que la colusión de izquierda y nacionalismo pretende que haya una zona de impunidad para sus crímenes políticos. Del mismo modo que defendieron las amenazas de muerte y los insultos de raperos filoterroristas, ahora cierran filas alrededor de los delincuentes nacionalistas que han puesto al país al borde de la guerra civil, desestabilizando el Estado de Derecho.

La izquierda suele justificar la coacción cuando no consigue el poder siguiendo su creencia de que la violencia política está legitimada si es "roja", porque ellos son los "buenos". Se sienten moralmente superiores para imponer a los demás sus ideales que consideran puros e inmaculados. Ganar unas elecciones, sin embargo, implica respetar y cumplir el proceso constitucional por el que se ganaron. También respetar la decisión de la mayoría que suele dar la espalda a los programas maximalistas y utópicos. Entonces se suelen refugiar en citas como la de Mao Zedong cuando sentenciaba que "Una minoría en la línea correcta revolucionaria ya no es una minoría". Lo que Íñigo Errejón tradujo en su simpar estilo pedante como "La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales". Pero cuando la "seducción" no es suficiente, y casi nunca lo es en países avanzados culturalmente que están vacunados contra cantos de sirenas populistas, es cuando la vía de la revolución violenta entra en juego.

No solo en España. En Gran Bretaña, el líder del Partido Laborista Jeremy Corbyn ha expresado comentarios antisemitas que no solo muestran una opinión personal, sino que ponen de manifiesto el sustrato racista de gran parte del partido socialista contra los judíos. El anterior alcalde de Londres, Ken Livingstone, también se despachó con comentarios que merecieron su suspensión por hacer "apología del nazismo" al apoyar a una diputada musulmana socialista, que había defendido la destrucción de facto del Estado de Israel. En Francia ha sido detenido Stéphane Poussier, político del partido de extrema izquierda de Mélenchon, por haberse alegrado del asesinato de un gendarme a manos de los islamistas y por apología del terrorismo. Mélenchon mismo apoya el golpismo de Puigdemont y ha recriminado a Merkel su detención. Y recordemos las amenazas de muerte contra Trump provenientes de los medios anglosajones "progresistas", que no hacían sino reproducir las ya habituales campañas violentas contra Reagan, Bush…

Con la izquierda pasa algo paradójico. Sus valores positivos, una sensibilidad extrema hacia la igualdad y un cuidado de los más vulnerables socialmente, están estrechamente enhebrados con sus valores negativos, el uso de la violencia como táctica política y un complejo de superioridad moral que conduce a convertir la censura y el adoctrinamiento en estrategias educativas. La complicidad de destacados líderes de la izquierda con "sus" golpistas catalanistas y "sus" raperos filoterroristas muestra la dificultad que tiene la izquierda de desprenderse de la herencia recibida sobre el uso de la violencia, de Rousseau a Lenin pasando por Robespierre y Marx… Pablo Iglesias, Prieto y Largo Caballero por lo que respecta específicamente al PSOE. Rehabilitar a la izquierda es posible pero ello pasa porque aparten de su legado a aquellos de sus ancestros intelectuales con las manos sucias de sangre y tiranía. Otra izquierda, menos psicópata y menos violenta, más liberal y democrática, es posible.

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