¿Es Mariano Rajoy el temible y malvado Keyser Söze?

Santiago Navajas

Rodrigo Rato, Esperanza Aguirre, Bárcenas, Rubalcaba, Jordi Pujol, Ana Botella, Gallardón... la lista de los asesinatos políticos de Mariano Rajoy empieza a ser sospechosa.

Como era en Sospechosos habituales (la película dirigida por Bryan Singer con un reparto de lujo: Kevin Spacey, Chazz Palminteri, Benicio del Toro, Gabriel Byrne y Stephen Baldwin) la forma en la que iban desapareciendo los integrantes de una banda criminal. Finalmente, el asesino en serie resultaba ser un peligroso y psicópata killer, el mítico Keyser Söze, escondido tras una apariencia de debilidad, un tontito tullido al que todos veían pero nadie miraba invisible en su banalidad impostada.

Rajoy suscita cierta condescendencia entre los amigos e indisimulado desprecio entre los enemigos. Pero quizás donde ha manifestado más claramente su falta de escrúpulos morales en aras de un maquiavelismo político ha sido en el sacrificio de su promesa electoral de una nueva y restrictiva ley del aborto. Seguramente Rajoy, un tipo religioso y conservador, quisiera de verdad este cambio legislativo porque tiene una honesta convicción contra el aborto como una forma de homicidio. Pero todavía más quiere el poder y no le tiembla el pulso si echándole un vistazo a las encuestas debe someter su proyecto a la guillotina. Y si de paso le corta el cuello político a un posible adversario interno, mejor que mejor. Huelan aquella flor del mal de Baudelaire:

"Es el diablo quien empuña los hilos que nos mueven"

Rodeado de políticos y, sobre todo, políticas que no tienen una personalidad política definida y que le deben absolutamente todo en su trayectoria hacia el poder, Rajoy, como el Ricardo III de Shakespeare, muestra de cara al exterior una apariencia de inocuidad, idiocia ("sólo leo Marca") y dejarse llevar por las circunstancias, que no es más que una máscara neutra tras la que intuimos una voluntad implacable de ejercer el poder, caiga quien caiga, más allá de ideas y de personas. Rajoy es la encarnación más acabada del político tecnocrático, de la racionalidad instrumental que ha superado la confrontación ideológica para dejarse llevar por las encuestas electorales y las modas sociológicas. ¿Gobernar? No, hombre, eso es demasiado cansado. ¿Liderar? Ni pensarlo, no vaya a ser que se estropee el estómago. ¿Ejemplaridad? Ni hablar, la gente "normal" no quiere pedante ejemplaridad sino entretenimiento barato y felicidad prefabricada.

No podemos imaginar a Rajoy leyendo The Economist, a Acemoglu & Robinson y, mucho menos, a Hayek o Michael Oakeshott. Pero sí sonriendo esquinadamente ante el espejo en la penumbra de sus habitaciones en la Moncloa mientras imita el acento andaluz y la voracidad florentina de Alfonso Guerra:

"El que se mueva, no sale en la foto."

Pensarán ustedes que exagero. Que más bien es una cuestión de casualidad que vayan desapareciendo del mercado político los que en alguna ocasión han desafiado a Rajoy o bien podrían suponer para él una molestia electoral, una incomodidad ideológica. Pero como nos recordaba en la película el mismísimo Keyser Söze "la más hermosa de las jugadas del diablo es persuadirte de que no existe"

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