El canto del cisne de los liberales

Santiago Navajas

Tanto en el debate sobre el Estado de la Nación como en el referido a la Ley de Memoria Democrática han brillado unos parlamentarios que usaban una y otra vez la expresión "nosotros, los liberales". Inés Arrimadas, Guillermo Díaz y Edmundo Bal han puesto contra las cuerdas al gobierno del Frente Popular que preside Pedro Sánchez. Los tres podrían haber puntuado sus intervenciones, mientras les abroncaban desde las bancadas socialistas, con el despreciativo gesto que dedica Ricky Gervais a los ofendiditos ante alguno de sus chistes, mientras exclama divertido "oh, shut up, i don't care" ("callaos, callaos, paso de vosotros").

Cuenta la leyenda que el cisne, habitualmente silencioso, al morir expira con un bello canto. Quizás estemos viviendo los últimos estertores parlamentarios de la voz que representa a los dos millones de liberales que resisten en España. En las últimas elecciones, Ciudadanos perdió casi tres millones de votos, pero con 1,63 millones de votos alcanzó diez diputados. El descalabro electoral había sido monumental, pero había sido la debacle ideológica del legado envenenado que estaba destruyendo a un partido devorado por inanes asesores de imagen, infantiloides consignas de autoayuda barata y un error táctico de proporciones galácticas por el que no entraron en el gobierno.

El precio de crecer fulgurantemente terminó convirtiendo a Ciudadanos en un suflé que se vino abajo por falta de fundamento intelectual. No es lo mismo ser un liberal progresista que un progre veleta. Ciudadanos fue sometiéndose a los dogmas del feminismo de género, de la memoria histórica, y dejándose atrapar en las redes de la prensa socialdemócrata con sus clichés igualitaristas, sus espejismos culturales y su rendición ante el nacionalismo xenófobo. Recuerden, líderes de Ciudadanos, la que debería ser su máxima, "oh, shut up, shut up, I don't care", cuando sean entrevistados por esos brazos mediáticos de la cosmovisión socialista y nacionalista que son la Cadena Ser y RTVE.

¿Quién, sino los liberales de Ciudadanos, van a hacer oír en el Parlamento el espíritu de Adam Smith, de John Stuart Mill, de Friedrich Hayek, sin tener miedo a que los tilden de antipáticos, psicópatas y neoliberales? Conservadores y socialistas se revolvían entre inquietos e indignados ante las palabras de Inés Arrimadas:

Defendemos la libertad, no para que los demás hagan lo que nos parece bien o lo que nosotros queremos hacer, sino para que puedan hacer lo que consideren que es bueno según su moral, obviamente con los límites que imponen los derechos de los demás.

Tanto Arrimadas como Bal y Díaz hicieron lo que se supone que debe hacer un liberal: defender una serie de principios acerca de la libertad y la prosperidad que necesariamente tienen que chirriar bien a la derecha, bien a la izquierda. Desde el punto de vista económico, los liberales cargaron contra el intervencionismo habitual en los socialistas y el proteccionismo común en los conservadores. Desde el punto de vista social, los liberales se manifestaron contra el paternalismo de la izquierda y el prohibicionismo de la derecha en temas conflictivos como la legalización de la prostitución, el cannabis y la gestación subrogada.

¿Qué le ha faltado siempre a un partido liberal? Es clave en cualquier organización la capacidad y el carácter. Hacía mal Edmundo Bal en despreciar los más de cien años del PSOE calificándolo de "partido viejo". Hace falta mucho carácter en cualquier organización para sobrevivir más de cien años. El PSOE (1879) es más antiguo que la Coca Cola (1892). Si no respeto, al menos no nos pasemos de listos. Será cuestión de carácter el que todavía haya tiempo para la remontada y para que la expresión "nosotros, los liberales" se escuche en futuros años en el Parlamento y no termine siendo, como tantas otras veces en la historia de este país, una dedicatoria en una lápida. Si en Ciudadanos se plantean ser un partido de adultos para adultos y de liberales para liberales, todavía tendrán una oportunidad de recoger los restos del naufragio liberal y dejar de ser un agonizante cisne para convertirse en una renacida ave fénix.

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