El aborto de Harry

Santiago Navajas

Soy un defensor de la despenalización del aborto tal y como está planteado en la ley española de plazos. También considero que la sentencia del Tribunal Supremo (TS) de Estados Unidos, que ha dictaminado que el derecho al aborto no es un asunto específicamente constitucional, es plenamente correcta. Es decir, soy liberal, en cuanto que sostengo que cualquier derecho ha de establecerse dentro del Estado de Derecho.

El TS ha devuelto el aborto a la sede legislativa, donde tendrá que ser debatido y legislado por el soberano, el pueblo y sus representantes, dentro de los límites constitucionales y de cada estado de la Unión. La Constitución norteamericana, como la española y la mayor parte de las europeas, es neutral ante una cuestión como la del aborto, que suscita un amplio debate público, sin convertirlo en un derecho, pero tampoco en un delito.

Lo que ha quedado de manifiesto es que en 1973 el TS cometió un abuso de poder discrecional, para lo que tuvo que retorcer conceptos, inventarse hechos y falsear la historia. No es que lo diga yo, sino alguien como Bob Woodward, nada sospechoso de querencias conservadoras sino todo lo contrario, en el libro de referencia sobre cómo los jueces del Supremo llegaron a la conclusión de que el aborto sí era un derecho constitucional, The Justices Behind Roe V. Wade: The Inside Story:

Los secretarios de la mayoría de las cámaras se sorprendieron al ver a los jueces, en particular a Harry Blackmun [el ponente del TS para el dictamen sobre el derecho al aborto], negociando tan abiertamente su decisión como si fuesen un grupo de legisladores. Algunos de ellos pensaron que el proyecto era razonable, pero que derivaba más de la política médica y social que del Derecho constitucional. Había algo vergonzoso y deshonesto en todo este proceso. El tribunal iba a hacer una política médica y a imponerla a los estados. Como cuestión práctica no era una mala solución. Como cuestión constitucional era absurda. Algunos secretarios se refirieron al proyecto como "el aborto de Harry".

Si se quiere que el aborto sea un derecho que esté en la Constitución, el camino es enmendar la Constitución, no asaltar el TS. Lo más preocupante para los que defendemos una despenalización razonable del aborto es la reacción irracional, sectaria y fundamentalista, incluyendo una amenaza de muerte, contra los jueces responsables de una sentencia que es esencialmente correcta.

El asunto del aborto en los EEUU está mostrando la distinta manera de aplicar el principio pro elección entre liberales y socialistas. Los primeros creen genuinamente en la libertad individual, los segundos solo como una herramienta para imponer una agenda partidista. Sesudos expertos politólogos españoles han llegado a afirmar, en un ejercicio flagrante de posverdad, que el TS ha ilegalizado el aborto en los Estados Unidos. Esto me recuerda a lo que decía un político de la UCD durante la Transición: "¡Al suelo, que vienen los nuestros!".

Leyendo la argumentación de la sentencia del TS de EEUU sobre al aborto, y teniendo en cuenta las reacciones por parte de la izquierda (entre el insulto y la incompetencia hermenéutica), cabe sospechar que la debacle educativa ha ocasionado más bajas a la izquierda. Como muestra el caso europeo, no es necesario que exista un derecho constitucional al aborto, basta con que exista una legislación despenalizadora del mismo. Los EEUU tienen la oportunidad ahora de hacer una ley razonable sobre al aborto al estilo español, con 14 semanas de plazo y no 5 meses.

Los liberales defendemos el derecho al aborto dentro de un Estado de Derecho, no de un Aborto de Estado, sin dejarnos arrastrar por las batallas jurídicas que tratan de hacer pasar por la Constitución lo que no son sino cuestiones partidistas y, en última instancia, transformar los tribunales de justicia, que han de ser objetivos, imparciales y apolíticos, en tribunales populares con perspectiva de género, lenguaje inclusivo y sesgos de clase.

A continuación