Cordón sanitario ya... ¿contra Vox?

Santiago Navajas

¿Qué es mejor, equivocarse con Otegi o tener razón con Santiago Abascal? O, dicho de otro modo, ¿es mejor brindar con los legatarios de ETA y los golpistas de Puigdemont o pactar con el partido de Ortega Lara?

En 1955, Raymond Aron publicó El opio de los intelectuales, una denuncia del marxismo tanto en su versión teórica como en su praxis política. El reino del Terror de Stalin estaba recientísimo y la mayor parte de los intelectuales de izquierda no sólo justificaban a Stalin sino que levantaban un cordón sanitario contra aquellos que, como Aron, Russell, Popper y Hayek, denunciaban los crímenes del comunismo. El comunismo era para los intelectuales orgánicos del marxismo el único camino legítimo para que la clase proletaria alcanzase el Paraíso prometido por Marx, por lo que no permitían ni la duda y, mucho menos, la disensión. Por supuesto que Sartre conocía los crímenes de Stalin, pero consideraba que la más mínima crítica no sería sino una manera de darle munición a los enemigos de la causa del proletariado.

Sarte, gurú, papa y dictador de la izquierda mundial, con Simone de Beauvoir haciendo de alcahueta buscándole jovencitas fascinadas por su fealdad de sapo y su verborrea de sofista, decretaba excomuniones como Robespierre sentenciaba a la guillotina. Aron y Albert Camus fueron algunos de los que tuvieron que soportar durante lustros el ostracismo impuesto por los amigos del genocidio en nombre del socialismo. El periodista Jean Daniel, uno de los corifeos que le hacían la pelota, sentenció:

Es mejor estar equivocado con Sartre que tener razón con Raymond Aron.

Volviendo a las preguntas que planteaba anteriormente, y a la luz de la abyección de Sartre y la mayor parte de la izquierda europea, cabe entender la miseria moral de socialistas como Eduardo Madina, el cual dice que desde que ETA dejó de matar han tenido una vida normal. Sabe perfectamente que no es así, del mismo modo que Sartre conocía los crímenes comunistas. Los auténticos demócratas, los herederos de Aron, siguen con el miedo provocado por el acoso y la intimidación de los nuevos aliados políticos y amigos personales de Madina, que llegó a apoyar la excarcelación del dirigente de la extrema izquierda nacionalista, sentenciado a varios años de cárcel por intentar reconstruir ETA. Pero no nos engañemos, para Madina hay que hacerle un cordón sanitario a todo aquel que se encuentre a la derecha del PSOE. También los de Ciudadanos son considerados de extrema derecha por los socialistas sectarios que justifican las agresiones contra sus dirigentes cuando van a Bilbao o Barcelona.

Lo que debería hacer el PP, en todo caso, no es no pactar con Vox sino no llegar a un solo acuerdo institucional con un PSOE que ha pasado de la superioridad moral al engreimiento liberticida de la mano de Pedro Sánchez, Carmen Calvo y Eduardo Madina.

En 1979, tras veinte años de distanciamiento, Aron y Sartre se volvieron a encontrar para pedir al presidente de la República apoyo a los vietnamitas que huían de la guerra. Aron seguía apoyando la libertad y la sociedad abierta. Sartre, sin embargo, había cambiado: ya no apoyaba al criminal comunismo estalinista. Arrepentido, había pasado a justificar al criminal comunismo maoísta. Sectario y figura hasta la sepultura, murió al año siguiente. Insiste Madina: "Hay que repetirlo. Al clavo que hay que darle tantas veces hasta que entre. Cordón sanitario ya". Esta táctica de mamporrero y propagandista es la que empleó Sartre contra Aron, Camus… Pero tomemos nota de la actitud del autor de Ensayo sobre las libertades que ofreció una mano amiga al autor de El ser y la nada que este despreció. El único cordón sanitario que cabe en una democracia liberal es contra los que emplean la violencia: contra los que agreden a Abascal en el País Vasco o a Cayetana Álvarez de Toledo en Barcelona. Por mucho que Madina mire para otro lado, silencie las agresiones y fomente el odio contra los que no son de su tribu política.

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