Chistes ofensivos

Santiago Navajas

El cómico Dave Chappelle había vendido todas las entradas para su monólogo en Minneapolis. Pero el espectáculo fue cancelado un día antes. Mejor dicho, censurado debido a la presión de grupos de izquierda que acusan a Chapelle de transfóbico, dándole la razón al humorista cuando denuncia el puritanismo, estrechez mental y actitud inquisitorial del activismo queer.

A finales de los 90 el presidente de los EE.UU., Bill Clinton, fue puesto en la picota por haber tenido relaciones sexuales con una becaria en la Casa Blanca. Muchos republicanos pusieron el grito en el cielo, aunque algunos de ellos tuvieron que dimitir porque se descubrió que ellos también habían tenido "relaciones inapropiadas". Decían los republicanos que qué habrían pensado los Padres Fundadores (PF) de que años después un presidente hubiese tenido tal tipo de comportamiento. Un humorista, Chris Rock, les respondió que algunos Padres Fundadores no es que tuviesen sexo con becarias, sino con esclavas. A lo mejor Washington y Jefferson le guiñaban un ojo a Clinton desde el círculo del infierno reservado a los Esclavistas Fundadores.

Sin duda, la broma de Rock es ofensiva para aquellos que veneran el nombre de los PF y tengan a Washington y Jefferson en un pedestal más allá de toda crítica. Por supuesto, habrá quien recordará que la esclavitud era una institución de generalizada aceptación en aquella época, pero también es cierto que había excepciones, también entre los PF, como Benjamin Franklin y John Adams. La clave de la humorada de Chris Rock y de la reacción ofendida republicana reside en que una de las funciones importantes del humor es poner en evidencia el engaño y el autoengaño. Sí, Washington y Jefferson merecen tener estatuas por su aportación a la democracia, pero en las placas hay que recordar la ignominia de su apoyo a la esclavitud. Lo cortés no quita lo valiente; ni el reconocimiento al honor, la crítica a la infamia.

Justamente veinte años antes del escándalo de Clinton liándose con su becaria, el grupo de humor británico Monty Phyton había indignado a sectores conservadores con su parodia de Jesús, La vida de Brian. Sin embargo, en 2022 esta estupenda comedia subversiva, delirante y vitriólica sería difícil de ver porque serían los grupos LGTBIzquierdistas los que organizarían sentadas para censurarla debido a una broma a cuenta de un integrante masculino del Frente Judaico de Liberación, que quería ser mujer porque deseaba parir. Stan pretende ser Loretta. Los demás miembros del grupo le recriminan

– ¡Tú no puedes parir!

Y Stan, ahora Loretta, les responde:

– ¡No me oprimáis!

– No te oprimo, Stan, es que no tienes matriz. ¿Dónde vas a gestar el feto, en un baúl?

Que no tuviese matriz no era culpa de nadie, ni siquiera de los romanos o, más modernamente, del heteropatriarcado. Y no parece tener mucho sentido defender el derecho de alguien a parir si no puede de hecho parir. ¿Era un símbolo de la lucha contra la opresión o de la lucha contra la realidad? A finales de los 70 esta secuencia resultaba graciosísima. Sin embargo, en 2022, a muchos del movimiento LGGBDTTTIQQAAPP les resultará una terrible ofensa y solicitarán su cancelación si algún cine osa proyectarla o televisión emitirla.

¿Por qué se ofendían tanto por la broma de Chris Rock sobre los Padres Fundadores? Porque era verdad, por una parte, que Washington y Jefferson tenían esclavos, mientras que por otra los Padres Fundadores habían sido santificados hasta el endiosamiento. Se producía así un conflicto entre la realidad y la imaginación de donde emergían tanto el chiste como la ofensa.

De manera similar, Dave Chapelle al hacer bromas sobre trans al estilo de Loretta causa tanta hilaridad como indignación porque está revelando el autoengaño de quien pretende ser madre sin tener los órganos adecuados para ello. Además, suele tratar de resolver el conflicto a través del encubrimiento lingüístico, que es como pretender que una herida se cure salmodiando "sana, sana, culito de rana". Chapelle no se burla de las personas trans, y mucho menos es transfóbico, sino que muestra las paradojas, trampas conceptuales y dislates semánticos en los que incurren determinados lobbies y personas que no tienen ni sentido del ridículo ni de las bromas.

Parafraseando a Cioran, la izquierda queer consiste en una cruzada contra el humor.

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