Banderas de nuestros padres

Santiago Navajas

En 1977 Santiago Carrillo se presentó ante la opinión pública flanqueado por la plana mayor del Comité Central del Partido Comunista de España. Detrás, en una esquina a su izquierda, colgaba una gran bandera rojigualda:

El comité central recibió con grandes reservas la instauración de la Monarquía. Pero nosotros somos hombres que se atienen a los hechos. Los hechos que estamos presenciando es que bajo el Gobierno de la Monarquía se avanza hacia las libertades democráticas (...) Es ese cambio el que nos ha llevado a reconsiderar nuestra actitud hacia los símbolos y emblemas del Estado que nos reconoce. En tanto que representativa de ese Estado que nos reconoce, hemos decidido colocar, al lado de la bandera roja del partido comunista, la bandera bicolor del Estado español.

Hombres que se atienen a hechos, ¡qué tiempos! Las banderas ofrecen información, ejercen de símbolos y destilan sentimientos. En Estados Unidos también tienen problemas con la bandera que fue de los Estados Confederados, que sigue ondeando incluso en los edificios de gobierno de Carolina del Sur, amén de en multitud de establecimientos y domicilios privados de los que una vez fueron, ¡hace ciento cincuenta años!, "estados rebeldes". Los que la portan dicen que forma parte de su "legado cultural" sureño. El problema ha revestido un cariz más peliagudo a raíz de la matanza perpetrada por un supremacista blanco en una iglesia cuyos miembros eran fundamentalmente negros. En varias fotos se ha visto al asesino portando armas y luciendo la bandera confederada.

¿Es la bandera confederada un símbolo del odio o un reconocimiento a los soldados que murieron por su patria, por el ideal norteamericano, por sus familias, no a favor de la esclavitud sino en contra de los impuestos excesivos y un gobierno que consideraban tiránico? Protágoras estableció que "el hombre es la medida de todas las cosas", lo que Humpty Dumpy y John Searle han explicado más recientemente como que las realidades sociales significan lo que queramos que signifiquen. Para unos, la bandera confederada es un símbolo de la defensa de la esclavitud. Para otros, lo es de la liberación de un territorio en nombre de la libertad. Jeff Bush, que no es un sospechoso habitual como Obama, cortó por lo sano y retiró la enseña confederada de los edificios estatales en Florida. Cada uno con su bandera, debió de pensar, pero exclusivamente la oficial en los edificios que son de todos.

Las banderas funcionan como test de Rorschach. Desde el punto de la realidad física son trozos de tela coloreados. Desde el punto de vista simbólico, dime lo que ves en ellas y te diré cómo eres, cuáles son tus orígenes, qué imágenes se agitan en tu mente, cuáles son los sentimientos que se mueven en tu corazón. Ante la bandera de España, unos la ven como un vínculo con un pasado franquista que añoran. Otros, en la misma dirección pero en sentido opuesto, como un recuerdo de un sistema político odioso. Una tercera opción, como un símbolo de una historia española de largo alcance que se remonta a los orígenes de la nación española, por una parte, y al compromiso con los valores constitucionales de la democracia contemporánea, sin duda la mejor versión de sí mismos que los españoles de cualquier época han sido capaces de dar. Cuando se habla de las banderas de nuestros padres, como en la película de Eastwood, hay que preguntar siempre antes de seguirlas quiénes eran esos padres de la patria, no vayan a ser los padres tenebrosos contra los que nos advirtió Kipling

Si alguien pregunta por qué morimos/ dile: porque nuestros padres mintieron.

De Santiago Carrillo a Pedro Sánchez, es de justicia reconocer a estos líderes de la izquierda el esfuerzo por educar a sus huestes en un símbolo que ha ejercido durante la mayor parte de la historia contemporánea de España, también durante la I República, como un elemento de fusión y empatía entre todos los españoles. Cabe si acaso exigirles que no se quede su reconocimiento público en mero merchandising electoral, sino que sean capaces también de enarbolarla con el orgullo patriótico de quien está representando a uno de los mejores regímenes políticos del mundo, con un patrimonio cultural y una pujanza económica con poco parangón, en las zonas de España, como el País Vasco o Cataluña, donde los enemigos de la libertad y los derechos fundamentales, los supremacistas catalanistas y abertzales, siguen mancillándola en nombre del odio a los españoles y la democracia liberal. Y pensar que vamos a estar otros 100 años más, como los americanos, peleándonos por un "trozo coloreado de tela"...

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