¿Esperanza a la fuga o a Cibeles?

Percival Manglano

La noticia de que Esperanza Aguirre sería juzgada por la comisión de un delito y no de una falta tras su incidente de tráfico en abril pasado generó todo tipo de titulares periodísticos. Veamos algunos ejemplos.

El diario El Mundo llevó a su portada del 6 de septiembre el siguiente titular: "Frenazo de la Audiencia a las opciones de Aguirre". Más duro fue El Confidencial, el cual tituló: "El PP unánime: el delito de desobediencia aparta a Aguirre de la carrera por Madrid". El diario El País, en cambio, fue más ecuánime y se limitó a informar de que "La Audiencia ordena instruir como delito el incidente de tráfico de Aguirre".

Cuesta creer que El Mundo sea hoy más crítico con Esperanza Aguirre de lo que lo es El País, pero cosas veredes, amigo Sancho… La palma antiaguirrista, sin embargo, se la lleva El Confidencial. Primero porque atribuye al PP una unanimidad que no existe (¿acaso preguntó su opinión a los más de 800.000 afiliados del PP? A mí no me llamaron, desde luego). Segundo porque afirma tajante que Aguirre cometió un delito, como si la instrucción del caso fuese un mero trámite. Y tercero porque da por hecho que Aguirre ya no podrá ser candidata al Ayuntamiento de Madrid.

Pero, hete aquí, que la declaración el lunes de cinco agentes de movilidad (el sexto está de baja laboral) y de dos policías municipales involucrados en el incidente ha dado un vuelco al juicio. Los policías –que disfrutan de la presunción de veracidad- afirmaron que no hubo señales acústicas de alto, no hubo prohibición de reemprender la marcha, no hubo persecución y no se pidieron los papeles a Aguirre al llegar a su casa porque la denuncia ya estaba puesta. Es decir, desmontan la versión de los agentes de movilidad que quisieron convertir a Aguirre en una especie de Ben-Hur de la Gran Vía madrileña.

El juez no tendrá que tomar al pie de la letra la declaración de los policías. Pero ésta supone, cuando menos, una contradicción en los testimonios de los agentes involucrados que impide desechar toda duda de la culpabilidad de Aguirre. La (felizmente) rápida instrucción del juez Valle podría terminar más pronto que tarde en una multa por la comisión de una falta (como ratificó por una causa más grave en 2009 el juez de la Audiencia que sorprendentemente dictó que la causa de Aguirre se instruyese como delito) o en el sobreseimiento del caso.

¿Qué pasará entonces? Evidentemente, Aguirre estará de todo menos descartada para ser la candidata del PP al Ayuntamiento de Madrid. Seguramente, incluso esté reforzada al haber salido airosa de un error que nunca negó haber cometido, pero cuya repercusión se exageró hasta el paroxismo. Y entonces aparecerá lo que realmente incomoda de Aguirre: su heterodoxia y, en particular, su capacidad para hacer política desde fuera del Estado.

El tirón político de Aguirre, la relevancia que se sigue dando a sus palabras e iniciativas pese a no vivir del erario público ni tener ningún cargo institucional es algo inaudito en España, donde la política se ha equiparado tradicionalmente al gobierno del Estado y no a la representación de los ciudadanos. Aguirre es una heterodoxa, una outsider, una inconformista que rompe las tradiciones más acendradas de la política española. Esta heterodoxia de Aguirre es consecuencia de su concepción liberal de la política, en las antípodas de la tecnocracia y del "esto se hace así porque siempre se ha hecho así".

Los titulares periodísticos citados inicialmente tienen todo que ver con la inquietud que produce la heterodoxia política de Aguirre en la cúpula (que no en la militancia) del PP y nada que ver con su incidente de tráfico. Pero, más allá de estos contradictorios estilos dentro del PP, es indudable que un partido político debe aspirar siempre a ganar elecciones. Si Aguirre sale finalmente indemne del incidente de tráfico, ¿hay alguna duda de que la candidata que mejor resultado podría sacar para el PP en el Ayuntamiento de Madrid sería ella?

A continuación