El PSOE se desespera

Percival Manglano

La realidad supera siempre a la ficción. Así lo ha vuelto a demostrar la carta enviada por 66 diputados y exdiputados del PSOE al PP implorándole que haga presidente a Pedro Sánchez. Para añadir surrealismo a la situación, no se les ha ocurrido mejor título para que Un camino difícil y honorable.

Tan difícil y honorable es el camino propuesto que Pedro Sánchez se negó a seguirlo. Y es que los 66 abajofirmantes socialistas son (casi todos) los diputados del PSOE que se abstuvieron en 2016, permitiendo que Mariano Rajoy fuese investido presidente del Gobierno. Lógicamente, no firman la carta los 15 diputados socialistas que, contraviniendo lo acordado por el máximo órgano del PSOE, votaron en contra de la investidura de Rajoy. Entre ellos están las hoy ministras Meritxell Batet y Margarita Robles. Y, por supuesto, no aparece la firma del propio presidente Sánchez, quien dejó su escaño para no tener que votar la investidura.

La carta es tan absurda que exige preguntarse quién es el genio del PSOE al que se le ocurrió que enviarla sería una buena idea. Y, también, cómo puede ser que Sánchez haya dado luz verde para pedir aquello que él se negó a dar y que incluso usó como bandera durante las primarias socialistas para recuperar la Secretaría General del PSOE.

La carta desliza una idea que puede ser relevante. Dice, literalmente: "Lo sensato sería modificar la letra de nuestra Constitución para establecer un mecanismo de elección de la presidencia del Gobierno que supere posibles bloqueos". Lanzada la piedra, los diputados del PSOE esconden la mano. Dicen a continuación: "Sin embargo, ni en los meses del verano de 2016 estábamos en condiciones de reparar formalmente ese mecanismo constitucional, ni lo estamos ahora". Por mucho que digan una cosa y su contrario, lo dicho, dicho queda. Como siempre, la solución del PSOE para cualquier problema es cambiar la Constitución. No es descartable que el texto de la enmienda constitucional que propongan para superar "posibles bloqueos" rece más o menos así:

El presidente del Gobierno deberá ser siempre del PSOE. En su defecto, será un facha neoliberal.

En cualquier caso, lo realmente relevante de la carta no es lo que dice sino el estado de ánimo que transmite. Y éste es el de la desesperación. Las filtraciones de Moncloa según las cuales habrá investidura de Sánchez en septiembre se compadecen mal con este tipo de cartas. Creer en una súbita cordura de Podemos a la vuelta del verano que permita a Sánchez volver a cambiar su colchón en Moncloa es incompatible con mandarle una carta al PP pidiéndole su apoyo. O una cosa o la otra. Y todo ello es menos creíble aún cuando el día anterior el PSOE había escenificado su ruptura con Podemos y daba a entender que habría elecciones en septiembre.

Estos bandazos demuestran que las negociaciones con Podemos para formar Gobierno no van a ningún lado. Pablo Iglesias no quiere ser ministro de la Juventud, como le ofreció el PSOE. Quiere ser vicepresidente del Gobierno y no hay forma de que se baje del burro. Iglesias exige que su cartera esté a la altura de su mansión.

El PSOE, por su parte, intenta asustarle con guiños epistolares al PP. La táctica negociadora es tan lamentable que lo que transmite es que el PSOE se está quedando sin opciones. No está logrando cerrar un acuerdo que mate a Podemos, seguramente porque Podemos se ha dado cuenta de que sería la principal víctima de dicho acuerdo.

En resumen, el PSOE no logra matar a Podemos y Podemos no se deja matar. Para salir al paso, nada mejor que mandarle una carta al PP pidiendo su apoyo. Surrealista.

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