Va por Pedro Sánchez

Pedro de Tena

De Pedro Sánchez se han dicho y se dicen muchas cosas. Yo mismo las he dicho, y la verdad es que el personaje me parece tenebroso. He dicho "personaje" porque un tipo que retoca su biografía, que presenta una tesis, incluso un libro, que no ha escrito, que es capaz de aliarse con quien sea para presentar una moción de censura, que traiciona a continuación a bastantes de los que le apoyaron, que encizaña su partido y que miente como un bellaco hasta en los debates de televisión, no es, no puede ser, una persona real ni normal. Es un personaje que alguien ha perfilado no sabemos para qué. Pero he aquí que lo tenemos, y ya veremos por cuánto tiempo, en el colchón de la Moncloa rigiendo el cada vez más incierto destino de la primera España democrática de verdad. Como lo primero que hay que hacer para vencer a un adversario es conocerlo minuciosamente, invito a todos lo que se oponen a su hegemonía a que reflexionen sobre sus hechos.

Daré algunos brochazos. De la nada, este señor que se dice economista y profesor pasó a ser diputado por una carambola, o eso pareció. Pudo ser el dedo divino, pero, visto lo visto en la política nacional, álguienes pudieron fijarse en él para convertirlo en el líder de un partido achicharrado después del caballo atilano de Zapatero. Lo primero que hizo este resistente fue laminar sorprendente y definitivamente a Susana Díaz y al PSOE histórico –igualito que él en casi todo menos en una cierta idea de una España vertebrada (por el PSOE) y en un incierto respeto al método constitucional– del cuadro de mandos del socialismo español. De ahí a su control total sobre el aparato queda un trecho, pero cada vez más corto.

Hizo más. Manejando los asuntos de la Gürtel y Bárcenas, convirtió esos casos en el símbolo de la corrupción en España, aunque su partido tiene casos mucho mayores y mucho peores en su faltriquera. Véase Andalucía. Con esa imagen en la escopeta, disparó al PP de Mariano Rajoy, que había obtenido la mayoría absolutísima en 2011 y que presentaba una musculatura política imponente. No sólo consiguió tumbar al muñeco, sino que acentuó la división entre las diferentes marcas de la derecha hasta hacer añicos sus posibilidades de victoria en un futuro inmediato. Sus maniobras orquestales en la oscuridad política para acentuar esta fracción han sido brillantes, como la de situar ante Vox el mismo cordón sanitario que antes se aplicó al PP. Por si fuera poco, robó la cartera de Albert Rivera en la propia Cataluña que encumbró a Inés Arrimadas.

Aún quedan más hazañas. Nada más llegar al Gobierno, tras un largo entrenamiento en el control de los medios de comunicación esenciales de la nación española, en estos momentos domina las líneas editoriales y muchas zonas de las plantillas en la tele 1, la 2, la 3 (que tiene días), la 4, la 5, la 6, la SER, y no pocas teles autonómicas, radios y diarios de ámbito regional o municipal. Eso sí que es un poder mediático, gracias, cómo no, a unos oponentes que han dejado el sentimiento, la idea y la creencia, la emoción, el arte, la propaganda y la metáfora en manos de sus enemigos.

Y por dejarlo aquí, que podríamos seguir un buen rato porque el trabajo educativo efectuado por su partido ha sido decisivo en la mentalidad y la conducta de la nueva generación de españoles, digamos que se ha cargado a Unidas Podemos y a la vanidosa y prepotente pareja formada por Pablo Iglesias e Irene Montero. Esto es, le ha dado un baño político de tal calibre, aprovechando su soberbia, su inconsecuencia moral y su fatuidad, que la izquierda radical ha vuelto a considerar al PSOE como eje principal y pragmático de sus ensoñaciones. Aún no lo ha reducido a cenizas, porque le conviene que haya un montoncito con ascuas, pero esperen y verán.

Esto es, ha convertido al PSOE de la Transición, de maquiavélicas maneras, pero de talante inicialmente conciliador, siempre que tuviera la sartén por el mango, en un aparato implacable, sin atisbo de tolerancia alguna, salvo hacia quienes aspiran a la destrucción de España, vieja querencia de una parte del PSOE histórico, cuando menos, desde 1934, siempre que el PSOE como partido casa y empresa común, esté en el centro de gravedad del presente y el futuro de lo quede de esta vieja nación. De ahí lo de Bildu, lo del PNV, lo del PSC, lo de Esquerra y otros lópeces disgregadores, como antes, con Largo Caballero, que parece haber vuelto a la vida y empujarnos de nuevo hacia un abismo.

Sirva lo dicho hasta ahora para todos aquellos que alguna vez nos hemos reído de Pedro Sánchez. También muchos se rieron de Claudio, aquel emperador medio tartamudo y tullido, que logró sobrevivir a Calígula y luego también asesinó lo suyo. Podemos seguir con la risa o podemos tomar nota de que estamos ante un personaje, bien equipado, que conoce mucho mejor que todos nosotros cómo funciona España, cómo discurren sus poderes fácticos y cómo sienten los votantes. Eso sí, no sabemos cuál es su proyecto ni a dónde nos lleva, aunque lo temamos.

Así que o nos aplicamos, aprendemos a sopesar al adversario y concordamos una estrategia adecuada o a la España de la Transición, la única que ha merecido la pena en dos siglos desde La Pepa, no va a conocerla ni la madre que la parió. Esta vez sí.

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