Susana, líbranos de Patxi López

Pedro de Tena

Vivimos en un tiempo donde, como es sabido, si una noticia es buena, no es noticia. Es decir, una noticia, para serlo, ha de ser esencialmente mala. Pero ninguna tan mala como la protagonizada por este viscoso personaje que es Patxi López, Francisco Javier López Álvarez, que se llama realmente. Recuerden que ya nos dio heladas de sangre durante su mandato en el País Vasco. Por decir algo, recordemos su comportamiento en el entierro de Isaías Carrasco, en 2008, cuando increpó en voz alta a Mariano Rajoy y a María San Gil ante la familia del asesinado. Precisamente él, que luego llegó a ser lehendakari con el apoyo del PP. Precisamente él, que había humillado a las víctimas del terrorismo, incluso a las de su propio partido, jugando al dialogo con la ETA y sus lacayos políticos. Se lo recordaron al menos dos, Mapi de las Heras, viuda de Fernando Múgica Herzog, asesinado por ETA el 6 de febrero de 1996, y Pilar Ruiz Albisu, madre de Joxeba Pagazaurtundua Ruiz, asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003, que hablaron de su traición en voz bien alta y clara.

Pero es que este López es otro aficionado a batir los récords históricos de malos resultados para su partido –así lo hizo en el País Vasco, aunque dimitió, no como sus amigos Pedro Sánchez y otros–, y, además, es otro experto en ascender por la vida política sin disponer de otra cosa que su licenciatura en pesoelogía. Hijo de un socialista del exilio, intentó sin éxito culminar los estudios de peritaje industrial y pasó, como tantos, a realizar estudios en la academia partidista. Y a escalar. Y escaló. En 1985 ya era diputado y así sucesivamente hasta su esperpéntica presidencia del Congreso de los Diputados tras las elecciones de diciembre de 2015, apoyada indirectamente asimismo por el PP, que no quiso presentar candidatos alternativos. No se recuerda una actuación tan sectaria y, al tiempo, tan bodoque y lamentable.

La mala noticia, ya se habrá adivinado, es que López pretende regir los destinos del PSOE tras haber apoyado a Pedro Sánchez. Independiente de sus mezquinos comportamientos personales y políticos, lo gravísimo es que mientras habla de la necesidad de un PSOE capaz de vertebrar España niega la existencia de la nación llamada España, con lo que ya puede dejar de ser una y soberana. Luego, naturalmente, nos irrita con una soflama sobre la maldad habitual de la derecha y así en adelante, de tópicos arracionales para sus parroquianos. Peaso de proyecto, funeral, para el PSOE.

Cómo habrá sido mi sobresalto, que me he puesto a rezar, políticamente, claro, implorando que Susana Díaz coja de una puñetera vez las riendas de este PSOE desbocado y enloquecido. Te lo pido con todo el fervor que me permite mi escepticismo político. Por favor, Susana, líbranos de López, por Dios. Y, cómo no, si quieres, por San Fernando de los Ríos, que dejó dicho que en los momentos en que históricamente se ha creado el Estado moderno, siglo XVI y siglo XIX, España estuvo participativamente presente. O sea, que España, a la que amaba, existió y existe. Por lo que más quieras, Susana, líbranos de él.

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