Subidón y desencanto de una socialdemocracia fallida

Pedro de Tena

A veces los hechos ocurren y sólo mucho después, incluso siglos, es posible entender su significado y calificarlos como históricos. Por poner un ejemplo, el análisis que de la contabilidad de partida doble usada por los comerciantes venecianos hizo Fray Luca Bartolomeo de Pacioli en 1494. En otras ocasiones, hay hechos que portan su cualidad de históricos de manera evidente. Así ocurrió con el XIII Congreso del PSOE en el exilio celebrado en Suresnes, donde Isidoro, Felipe González, lograba derrotar a un indignado Rodolfo Llopis, patricarca de un socialismo momificado que no aceptó los resultados. Era el fin de un PSOE, el histórico, y el comienzo de ¿qué?

Para nosotros, la minoría de jóvenes andaluces que no llegábamos a la treintena pero que andábamos por la clandestinidad en diversas aventuras hacia 1974, Suresnes no existió como hecho histórico en aquel momento. En realidad, lo que no emergía como entidad relevante en aquel tiempo era socialismo español alguno vinculado al PSOE y a UGT. Tampoco la CNT, matada o suicidada. En aquellos días, la oposición política y social al franquismo la conducían dos fuerzas bien distintas. Por una parte, "el Partido", esto es, el Partido Comunista de España dirigido por Santiago Carrillo, del que poco a poco se iban desgajando jirones políticos, como el Partido del Trabajo de España, la ORT, Bandera Roja, Joven Guardia Roja y un sinfín de grupúsculos que aspiraban a ser más izquierdistas que los otros. Por la otra estaban los grupos derivados de la acción social de la Iglesia, una vez decidida ésta a terminar su relación con el franquismo tras el Concilio Vaticano II: parte de Comisiones Obreras, USO, las vanguardias jesuitas, la JOC, la HOAC, la editorial ZYX (luego Zero), la Democracia Cristiana de Álvarez de Miranda e incluso Acción Católica Nacional de Propagandistas, a otro nivel social, claro.

Suresnes floreció como hecho histórico años después cuando se planteó el dilema de si reforma o ruptura en la transición del franquismo a la democracia. Curiosamente, mientras el eurocomunismo carrillista y la Iglesia y sus organizaciones en general aceptaron el camino de la reforma, los triunfadores del congreso de Suresnes, el grupo de los sevillanos aupados por Nicolás Redondo, se propusieron la ruptura, algo que afortunadamente no ocurrió. Algunos de los dolores que arrastramos se parieron en aquella localidad aledaña a París, por ejemplo, la proclamación del derecho de autodeterminación de los pueblos y nacionalidades de España por parte de un partido que lleva la de E de España en sus siglas. Un Rubalcaba entonces barbilampiño fue quien lo propuso, según unas actas casi imposibles de encontrar.

Definitivamente se convirtió en hecho histórico, no por la pizarrita donde dice Alfonso Guerra que iba anotando el devenir de la historia de España, sino por la ayuda que el socialismo gonzalero, como se le llamó, recibió de muchos sectores de la derecha española, incluida la Unión de Centro Democrático, y de las democracias burguesas occidentales, Estados Unidos incluso. Fue justamente en Suresnes, con presencia del todopoderoso Willy Brandt y el astuto François Miterrand, donde comenzó la presión irresistible para que el casi invisible socialismo español llegara a ser hegemónico en la izquierda y en la sociedad españolas. En reflexión de un clarividente Ruiz Gallardón (padre, naturalmente), el estado de gracia del nuevo socialismo español se consumó porque la derecha asumió en buena medida su argumentario; porque, para hacerse perdonar su feo pasado, una facción de la derecha prefirió coquetear con una izquierda con un pasado igual o peor y porque la debilidad de sus creencias le hizo ceder y conceder hasta retroceder.

El caso es que aquel socialismo suresniano, una vez constitucionalizado, supo ilusionar a una generación de españoles con el "cambio", la moderación, la reconciliación y la "honradez". Aun educados muchos de ellos en familias cómodas con el régimen de Franco, quedaban muy lejos de los dinosaurios del franquismo y del comunismo, como ha escrito Luis Yáñez.

Finalmente, Suresnes se convirtió en un hecho histórico por el desencanto amargo inyectado en la joven democracia española cuando sus protagonistas empezaron a incumplir promesas y consumar amoralidades y maquiavelismos. El irrespetuoso concepto de la la democracia "formal", de Rumasa a los GAL, la vuelta del calcetín de la OTAN, el reajuste industrial y laboral y los recortes sociales fueron seguidos por la procesión sin fin de una corrupción interna que afectó y afecta a no pocos del grupo de los sevillanos que ganó el congreso. Enumeremos sin exhaustividad: Felipe González y familia, Alfonso Guerra y familia, Guillermo Galeote y Filesa, Manuel del Valle (el fotógrafo de la tortilla sevillana), Manuel Chaves y familia, la UGT andaluza... Maquiavelismos como apagar micrófonos a los adversarios o aislarlos en ascensores para que no intervinieran en congresos... demasiado juego sucio..

¿Qué precipitado queda de Suresnes? Su mérito, haber contribuido a la instauración de la democracia española. Su error, no haber estado a la altura ética y política de una socialdemocracia consciente y cabal y dejar el país a orillas del separatismo incubado en 1974 y del nuevo totalitarismo comunista de Podemos. En cualquier caso, fíjense, claramente preferible a la insoportable levedad de Pedro Sánchez, Carmen Chacón y Susana Díaz.

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