Rajoy, Sánchez, Rivera y el Error Puigdemont

Pedro de Tena

Vayamos por partes. ¿Por qué ha cometido un error el señor Puigdemont? Hay quien cree que su principal desatino consiste en haber precipitado la declaración de independencia de Cataluña cuando no se daban las condiciones aconsejadas por los estrategas separatistas. Se trataba de esperar una o dos generaciones cobijados por una democracia española comprensiva y traicionable que les permitía manejar el dinero, la educación, la Administración regional y los Mossos para consumar su atentado contra la democracia por ir contra la mayoría de catalanes que se siente y quiere ser española. Una vez divididos desde dentro, vigilados, acojonados y amenazados durante más de 30 años (dos generaciones de Ortega), estos catalanes y españoles no serían obstáculo suficiente y la vía libre hacia la dictadura separatista estaba expedita.

Se cree, pues, que el despropósito de Puigdemont y quienes le susurran al oído es la urgencia, la prisa, la impaciencia. Pero creo que no es así. El error de Puigdemont y sus minorías adyacentes es haber infravalorado la realidad histórica de España que constituye a la propia Cataluña, y ese es el mismo error que cometieron sus antecesores que fracasaron en el golpismo separatista. En la I República, la independencia catalanista federada a España duró dos días. El 14 de abril de 1931 Maciá volvió a declarar la república catalana federada, una república que terminó en un estatuto de autonomía que hoy consideraríamos de segunda o tercera clase. En octubre de 1934 la declaró Companys, otra vez vinculada a España, y llegó el general Batet. Y luego estalló 1936, que acabó con el independentismo antes de Franco.

La manía, cada vez más impune, de distorsionar la Historia conduce a cometer errores. La realidad de España en Cataluña, poblacional, económica, social, institucional, comunicacional y cultural es, a pesar de todo, sólida como es propio de la gran nación europea que es. Pero esta es la primera vez que los separatistas catalanes quieren, no ser una república federada a España, sino una nación dotada con Estado, al margen de España y, probablemente, mecida por los poderes fácticos de la historia presente, contra España.

El error de Puigdemont y su minoría ataviada con una sensación de superioridad de origen y de cultura, una especie de racismo, fraguados al amparo de un dominio de las circunstancias políticas que protegían su economía, ha sido no comprender eso (su sorpresa por la fuga de centenares de empresas lo revela) y estar en manos de una minoría comunista-populista que está usando el sentimiento catalanista para el fin de la ruptura, disgregación y finalmente ocupación de España y Cataluña.

El daño causado a España, Cataluña inclusa, por una ingenua permisividad constitucional ya no puede curarse, mejor malcurarse, más que con poder, tiempo y estrategia. Rajoy, Sánchez y Rivera pueden aprovechar el Error Puigdemont para salud de España y de la mayoría de los catalanes o pueden convertirlo en su acierto decisivo consintiendo pusilánimemente la angustia de una tercera generación dominada por la minoría secesionista hasta otra futura declaración de independencia, tal vez la última.

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