¿Quién teme a Susana Díaz?

Pedro de Tena

En la política española, tan maniquea, tan farisea y tan fea, no se había visto cosa igual en bastantes años. Que personas sin valía ni cualificación se convertían de la noche a la mañana en dirigentes de pro en los partidos gracias a intervenciones de una superioridad interesada, lo habíamos visto. Que cuanto más corrupto el individuo o la individua más alto subía en la escala orgánica, lo habíamos visto. Que importantes cargos políticos se obtenían por la fuerza del dedo, lo habíamos visto. En realidad, hemos visto casi todo lo malo que puede ocurrir en esta ciénaga española. Lo que no había visto hasta ahora es una operación de imagen tan intensa, precisa y eficaz como la que ha llevado a cabo el equipo próximo a Susana Díaz. Tras un accidentado comienzo como presidenta de la Junta de Andalucía y desde un ambiente embarullado de social-comunismo terminal, le bastó un solo día en Madrid para ser considerada incluso una estrella. Lo que dijo sobre la unidad de España y la responsabilidad del PSOE en la estampida independentista puede ser una obviedad por evidente, pero lo dijo, lo dijo en público y delante de quien debía decirlo, su por ahora director de orquesta, Alfredo Pérez Rubalcaba.

En efecto, Rubalcaba es el primero que debe temer a Susana Díaz. Ya conoció sus modos y maneras en la batalla de Andalucía cuando ella decidió apoyar a Carme Chacón por medio del endeble Griñán. Si Rubalcaba es el artista de los cuchicheos, del trapicheo y el navajeo pero sin público, Susana Díaz quiere un público y, siendo alumna aventajada en las malas artes de la política como conocen bien los socialistas sevillanos, acaba de demostrar que tiene una rotunda pegada ante los focos y las cámaras. La cara de Alfredo aún está lesionada por el gancho inesperado que le pegó, eso sí, en la mandíbula de Zapatero. Hasta tal punto le dolió que tuvo que salir a interpretar su actuación estelar añadiendo las convenientes morcillas. La más jugosa aquella que inventaba que lo dicho por Susana era que sólo el PP tenía la culpa de la locura nacionalista.

Si Rubalcaba ya teme a Susana Díaz, la propia Carme de Almería, la Chacón, debería tentarse la ropa porque un año es demasiado largo como para contener este furioso ímpetu por el poder que tiene la trianera. Mientras que el PSC está hecho unos zorros y puede terminar abatido por el derecho a decidir, el PSOE andaluz es la agrupación socialista más numerosa y poderosa de España y, fíjense qué casualidad, la única que gobierna en una comunidad autónoma con recursos suficientes para echar una manita a Ferraz en el pago de las facturas del agua y de la luz, por citar sólo las más tontas. Si Susana logra el apoyo de la vieja guardia –su discurso y el de Corcuera son dos gotas de agua–, más de una debería pensar en volver de Miami en el siguiente vuelo.

Y desde luego, IU y el PP de Andalucía deberían temer a Susana Díaz. La primera porque a este ritmo y visto lo visto, esta mujer puede convertir de nuevo al PCE andaluz en calderilla electoral recuperando el voto socialista desencantado. El PP no tiene más remedio que temer a una señora que con solo una intervención en Madrid ha despertado más interés nacional que toda la cúpula popular andaluza que se percibe incapaz de acabar con un régimen podrido que va a ser maquillado a fondo sin cambiar lo esencial para sobrevivir. Es que da miedo.

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