Malditos sean quienes mataron a Marta del Castillo y sus cómplices

Pedro de Tena

Hay sucesos en la vida de una comunidad que revientan las arterias morales de lo que queda de sentimientos de libertad,  justicia y respeto. No son pocos. Todos los años hay decenas, centenares, tal vez miles de asesinatos y desapariciones de los que ni sabemos ni sabremos por qué ocurrieron y quienes lo perpetraron: guerras, servicios secretos, mafias, bandas, psicópatas, sicarios, mercenarios, enfurecidos o enfurecidas de índoles varias…Desde que el mundo es mundo historiado, podría escribirse una larga relación de las personas que perdieron la vida a manos de otras, un memorial de matados.

Pero hay algunos casos que parten más si cabe el corazón. Uno de ellos es el de Marta del Castillo Casanueva, una joven sevillana nacida en julio de 1991 que con sus abuelos, padres y hermanos formaba una familia normal que desarrollaba su adolescencia con la naturalidad ingenuidad de los jóvenes sin tener pericia alguna en la determinación de los males cercanos que la rondaban. Como suele ocurrirles a casi todos, la explosión de las hormonas dota de una gran seguridad y firmeza en desafiar todo lo que se opone a la naturaleza emergente. En este caso unos canallas le quitaron la vida un 24 de enero de 2009 e hicieron desaparecer su cadáver hasta el día de hoy.

Puede parecer increíble por la corta edad de los implicados en el asesinato y sus circunstancias que, a pesar de las pesquisas policiales, los interrogatorios, los careos, las batidas sobre los diferentes emplazamientos del cuerpo según los crueles y miserables testimonios que cambiaban el destino a placer, aun hoy no se conozca dónde está el cuerpo de Marta, la joven que no sabía que le esperaba la muerte en una casa de Sevilla mientras visitaba a su novio y a la familia de éste.

¿Cómo un grupo de jóvenes desalmados, sin alma alguna, sin experiencia criminal previa ni estudios especializados pudieron burlar la destreza y la pericia de los cuerpos de seguridad logrando silenciar sepulcralmente el lugar donde está el cuerpo de Marta? Cada vez más se asienta la conjetura de que en el caso hubo un meticuloso asesoramiento que quiso conseguir que la ley del silencio entre los cómplices, que salvo uno siguen en libertad,  se impusiera a la ley penal vigente.

Parte el corazón escuchar al abuelo mendigar misericordia de los asesinos y sus cómplices para que, aunque sea mediante un anónimo, confiesen en qué lugar arrojaron los restos de Marta. Parte el corazón el dolor de unos padres que han hecho todo lo humanamente posible por tratar de sepultar a Marta con la dignidad que se merece. He conocido a su padre, Antonio del Castillo y al abuelo José Antonio Casanueva. Sé lo que ha costado a Eva Casanueva, la madre, recomponer su cabeza y su vida y lo que ha supuesto para todos seguir exigiendo justicia y descanso para Marta mientras se atendía el presente y futuro de la familia. Y parte el corazón ver cómo la memoria empieza a flaquear y cómo el caso de su asesinato se adentra en las brumas de un olvido que crece y crece.

Han pasado 12 años y Marta del Castillo sigue sin aparecer. A veces, ganan los criminales. La conspiración de estos malnacidos que conocen lo que ocurrió aquella noche de enero de 2009 ha logrado el objetivo principal: que no haya cuerpo del delito y que se vaya olvidando el crimen. Malditos sean todos ellos y sus familias, que todos ellos han causado y mantenido el sufrimiento de una familia de bien que un día comprobó que el mal existe. No soy religioso, pero rezo con ellos para implorar que aparezca Marta. Ya sólo puede esperarse un milagro.

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