Leones, zorros y ratas

Pedro de Tena

Cada vez está más claro para muchos ciudadanos españoles que nuestras élites no están siendo útiles para la libertad, la justicia, el progreso y el equilibrio sociales. Me refiero sobre todo a las élites sociales y políticas, pero no me olvido de las económicas y financieras, gran parte de ellas hereditarias, que controlan las fuentes del Nilo de nuestra forma de vida (dinero, energía, electricidad, teléfono, internet, distribución, etc.) y que por su negativa a aceptar la competencia han contribuido a pervertir las primeras. ¿Cuál es el problema? Que no circulan como quería Pareto, que se han estancado y que en 2014 están en el machito clónicos herederos de las élites que usufructuaron y envilecieron la transición. Incluso en Izquierda Unida, donde han circulado aparentemente demasiado, siempre se han obedecido los principios del comunismo oficial. En el PP y en PSOE hay una tradición continua, casi genética, que procede de Manuel Fraga y de Felipe González. Esto es, nuestras élites políticas cambian, pero no circulan, no ascienden los más capaces, los más atrevidos, los más nobles (dentro de la inmoralidad general que exige el poder), sino que están dominadas por los obedientes, los sumisos, los acríticos que esconden tras su genuflexión sus intereses reales y sus sueños de alcantarilla.

El intuitivo Pareto llegó a hablar de leones y de zorros, pero no reparó en las ratas. El agudo analista, que tenía pocas esperanzas en la bondad natural de nadie, mucho menos de los dirigentes políticos y sociales, sentenció que leones son esos hombres de la élite que son amigos de la conservación, del idealismo, de la fuerza, de la lealtad, de la burocracia ordenada. Los zorros, sin embargo, son imaginativos, sagaces, innovadores y con menos escrúpulos aún que los leones. Una mezcla adecuada de ambos tipos en las élites nacionales es conveniente siempre que esté acompañada de una fecunda circulación de élites. Si las élites no circulan la pirámide político-social se estanca por inanición y es entonces cuando, encharcadas en sí mismas, aparecen las ratas entre las élites dominantes. ¿Qué es una rata? El que ha obedecido sin rechistar a zorros y leones escondiendo sus mediocres ambiciones, el que sin tener cualidad alguna para formar parte de las élites logra irrumpir en ellas por el dominio que tiene de las cloacas. Leones y zorros tienen algo de magnánimos, pero las ratas son siempre pusilánimes, como diría Ortega. 

¿Cómo se ha producido la circulación de las élites en los grandes partidos españoles? Realmente no se ha producido. Alfredo Pérez Rubalcaba, el último secretario general del PSOE, era un ente de Suresnes y del nuevo socialismo vasco-sevillano, en cuyo seno, por cierto, defendió la autodeterminación de los pueblos y regiones de España. Mariano Rajoy pertenece al linaje de Manuel Fraga, como lo fue asimismo José María Aznar. En realidad, no ha tenido lugar una real circulación de las élites y el tapón de las viejas aristocracias ha impedido una reflexión sobre la necesidad de una nueva izquierda nacional, abierta y socialdemócrata y una nueva derecha española en mayor medida liberal y autocrítica. Por ello, ambas organizaciones pueden ser devoradas por sus ratas. Eliminada de su seno la luz que proporcionan la inteligencia y el debate racional, han terminado en manos de quienes son incapaces de grandeza alguna y no tienen el más mínimo deseo de desalojar las galerías que han conseguido horadar en la democracia. Leones y zorros siempre creyeron en la Nación y el Estado. Las ratas no creen en nada salvo en los aparatos que controlan y en su supervivencia.

¿Tiene arreglo este entuerto? Pues no sabemos si en los dos grandes partidos hay energías éticas para proceder a una reconversión radical. Recordaba hace unos días mi viejo profesor Alfonso Lazo, partidario del gran pacto PP-PSOE para reformar España sin renunciar a la democracia, que la Iglesia católica corrompida del siglo XVI reaccionó tarde, pero bien, a la ofensiva protestante con la contrarreforma de un fecundo Concilio de Trento.

Hay quien cree que Podemos es la reforma o revolución que necesitamos sin reparar en que no es más que la reacción interna de la izquierda populista y comunista ante las viejas élites del comunismo patrio, al que se están comiendo. Nada nuevo. Lo nuevo sería que PP y PSOE abrieran sus puertas y ventanas y representaran realmente a la inmensa mayoría social y política que sigue fiel al espíritu libre y reconciliador de aquella España grande del 78. Pero eso....

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