La reválida de Susana Díaz

Pedro de Tena

Aunque no la quiera, reválida va a tener y tendrá que aprobarla con nota para pasar del curso andaluz del peor currículo socialista al curso nacional del socialismo reformado por venir, si es que viene. Por si fuera poco, su valido Sánchez, que fue ella quien lo encumbró a Ferraz, ya ha decidido la fecha del examen: pronto, muy pronto.

Después de la que se ha liado en los exámenes parciales y, muy especialmente, en el examen final en dos partes del último Comité Federal, Susana Díaz ya no tiene marcha atrás. Ella es la que ha orientado la estrategia, la que ha consumado la defenestración del obseso y quien manda de cabo a rabo en la Comisión Gestora. Tras el llanto cocodriliano del cateado, late su amenaza de volver a presentarse en la próxima convocatoria. De dejar la carrera, nada de nada. Por ello, ella tampoco podrá dejarla.

En su contra tiene que el contenido de las asignaturas que se enseñan en Andalucía están en contra de una reforma en profundidad del socialismo nacional. El sectarismo irritante, la corrupción instalada en su seno desde hace décadas, el clientelismo de una militancia que hace tiempo dejó atrás el sacrificio y el servicio desinteresado, la organización fotográfica del partido (ya sabe, el que se mueve no sale en la foto) o la búsqueda del voto acrítico y atrasado… todo ello es la herencia de SUResnes, una pragmática centralista de instintos jacobinos sustentada en la creencia infundada en que ser afiliado del PSOE confiere bondad moral y eficacia política.

Nada de ello se ha confirmado en los últimos 34 años en Andalucía. Más bien al contrario. Por ello no ha habido alternancia democrática y por ello la región andaluza está entre las últimas regiones de España y Europa. Mal bagaje para aprobar la reválida nacional.

Pero, por el contrario, si se esfuerza en una refundación socialista desde la democracia (reconocimiento de los adversarios, también los internos, como útiles y necesarios para conseguir el bien general pero enfrentamiento severo a modos y esencias totalitarias); desde la nación española (asunción de la realidad histórica de una España común como único marco de soberanía y su presencia, por ello, en la educación nacional); desde la decencia (pacto sincero de una estrategia de pudor y decoro en el comportamiento político a todos los niveles) y desde la eficacia eficiente (aceptación de que las políticas demuestran ser acertadas o equivocadas no según patrones ideológicos meramente sino sobre todo según datos estadísticos de coste reducido, ampliación de libertades y bienestar creciente), entonces Susana Díaz podría aprobar la reválida nacional con matrícula de honor, orillar el crecimiento del marxo-populismo y, seguramente, presidir algún día el Consejo de Ministros.

Puede optarse por morir despacio o por ser ingrediente alternante del progreso nacional. Está difícil, pero no imposible si se es socialista a fuer de liberal. Para un viejo socialismo, a fuer de comunismo populista, la reválida ya la aprobaron otros.

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