La lucha por las reliquias de la izquierda

Pedro de Tena

Las reliquias constituyen todo un universo de misterios dotados de poder por su inmensa capacidad de regurgitación de devociones y sentimientos. Se ha contado suficientemente que, a lo largo de la alta Edad Media, el tráfico de reliquias fue enorme, incluso infame. He recordado haber leído hace tiempo cómo en 1102 un obispo de Compostela robó un buen lote de ellas al arzobispo de Braga, con la ayuda de Dios, por supuesto, y, desde luego, justificadamente. Se trataba de realzarlas de manera adecuada en Santiago. Eso sí, era mejor sustraerlas de manera oculta para evitar la ira de los expoliados. No se decía, claro, pero luego los ladrones de reliquias convertían sus iglesias y monasterios en los más visitados centros del turismo devoto. Nada hay nuevo bajo el sol.

En España, tengo la sensación de que, desde hace unos años, vivimos en una batalla campal y a pecho descubierto por hacerse con las reliquias de una izquierda a la que el Muro de Berlín le cayó encima en 1989. Carlos Marx, el fundador de la hoy hegemónica izquierda española –hubo otras, pero fueron eliminadas–, independientemente de otras circunstancias, era un estudioso. Se documentó durante veinte años en la Biblioteca del Museo Británico antes de hacer público su libro decisivo, si bien sus teorías estaban ya preconcebidas en los Manuscritos de 1844 y en el Manifiesto de 1848. Dicho de otra manera, a Marx le parecía adecuado que sus ideas tuviesen una apariencia científica, lograse o no su deseo. Pero eso pasó va a hacer dos siglos, que Marx nació en 1818. Pretender que algo escrito hace siglo y medio siga siendo relevante, sobre todo en ciencias sociales, es una quimera incluso si fue ciencia alguna vez, cosa opinable. Pero intentarlo en el siglo XXI sin siquiera dedicarse a estudiar un poco es ridículo. Mejor dicho, es superstición de la peor clase.

Esto es, estamos, no ante teorías vivas y fecundas, sino ante reliquias de una izquierda que ha acabado por no comprender nada de lo que pasa al confundir la realidad con sus creencias recitadas como suras una y otra vez. Por ello, la guerra por las reliquias en la izquierda española se ha hecho general. En el PSOE, la contienda barriobajera ha estallado por poseer las reliquias de Pablo Iglesias, no el auténtico, que les podría dar incluso miedo, sino el abuelo. En Podemos, la reyerta, bastante navajera por cierto, se ha desatado por la posesión de la reliquias del marxismo-leninismo sazonadas con los restos del cadáver del movimiento del 15-M. Luego vendrá la conflagración definitiva para exhibir lo que queda del muerto en las vitrinas de la secta victoriosa para recuperar el centro del turismo electoral.

¿Y España? Otro montón de reliquias, pero por ellas ni siquiera se roba ni se lucha.

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