La izquierda, radical o no, ya tiene su tragedia

Pedro de Tena

Recuerdo que estaba en un bautizo con unos amigos hace ya años, en marzo de 2004, un día después de estallar los explosivos en los trenes de Madrid. Una de las invitadas, hoy diputada del PP en el Parlamento andaluz, me preguntó qué iba a pasar en las elecciones del día siguiente, domingo electoral. Le respondí escuetamente: "Si ha sido ETA, ganará el PP. Si han sido grupos islámicos, ganará la izquierda". No era un lince ni había que serlo. El caldo de cultivo estaba en la olla nacional desde la posición del gobierno Aznar en el conflicto iraquí. Ahora, con la crisis del ébola, la izquierda española, la que es radical y la que dice no serlo, ya tienen su tragedia. Vuelve a repetirse el fenómeno emocional que va a hacer posible que tras haber realizado una gestión nefasta y haber desarrollado una corrupción sin precedentes, la izquierda española, con la ayuda inestimable de las derechas, vuelva al poder en 2015.

Podría haber servido para la ocasión el caso de las tarjetas de Caja Madrid, un tremendo pozo de corrupción apto para ser lanzadera política de la izquierda, pero esa porquería los ha implicado a todos, no sólo al PP. El PSOE está metido hasta las cejas. Izquierda Unida hasta las rodillas. Los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, hasta el tuétano. Ni siquiera la Casa Real se ha librado de las salpicaduras de un comportamiento miserable y cínico.

Pero el caso del ébola incluye, por un lado, la soledad del gobierno, que decidió traer a los infectados (si nos los hubiera traído los hubieran acusado de inhumanidad y antipatriotismo) y que es responsable de la gestión de la crisis sanitaria de la enfermedad. Por el otro, el miedo necesario como ingrediente infeccioso de la estrategia. El contagio de una enfermera, haya sido por lo que haya sido (a la sección crecientemente totalitaria de la izquierda le va a dar igual) que hay que saberlo, va a dar paso, en el año que queda hasta las elecciones, a la criminalización de la derecha española en su conjunto. Si Aznar fue calificado como "asesino" por una guerra iraquí en la España ni siquiera participó, ahora, primero Ana Mato, y poco a poco después, Mariano Rajoy, van a ser acusados de contagiar el ébola a España y a Europa. De momento.

Ayer, la fanática Ada Colau, escribió en su tuiter: "¿Exterminio encubierto?", refiriéndose a la intención de la todavía ministra Ana Mato. ¿Puede decirse eso impunemente en un Estado de Derecho democrático y sensato? No debería, pero se puede. Me temo que el caso no ha hecho más que empezar. Ya lo de menos, que debería ser lo de más, es analizar qué ha pasado, cómo afrontar los riesgos, aprender de los errores y estar unidos como país ante la adversidad. No se hizo con los 190 muertos por el peor asesinato terrorista -eso sí fue un exterminio colectivo-, de la historia de España, sino que se aprovechó el atentado para cargar con la culpa al gobierno del PP. ¿Recuerdan a Rubalcaba y su "no nos merecemos un gobierno que miente" en día de reflexión electoral? Pues no sabemos si el propio Rubalcaba u otro, hará lo propio con el caso del ébola. Al tiempo. Está en los genes de una izquierda moralmente enferma, no de ébola, sino de amoralidad y ansia cainita de poder.

Se ha dicho que Bismarck consideraba a España el país más fuerte del mundo porque lleva siglos intentando destruirse a sí misma y aún no lo ha conseguido. Seguimos en ello.

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