El papelón de Juanma Moreno en Andalucía

Pedro de Tena

La verdad es que su decisión de decir que sí a su designación como presidente del PP de Andalucía, al margen de toda elección y pasando por el rodillo de la autoridad a todo el equipo directivo del PP andaluz, le ha costado caro. La única alegría que ha tenido en los últimos años, desde que fue nombrado a dedo por Mariano Rajoy (con ayuda de Soraya Sáenz de Santamaría, Jorge Moragas y Javier Arenas) fue la de ganar las últimas elecciones generales, las de junio, en Andalucía.

Desde el affaire de su titulación o su contrato como asesor a un "próximo" a El País por un sueldo millonario pasando por su viacrucis de derrota en derrota, perdiendo escaños y porcentaje sin consolidar nunca su influencia real en el PP andaluz, todo fue cuesta abajo hasta esas elecciones generales en las que, por fin, lograba vencer al PSOE de Susana Díaz, si bien no en las elecciones autonómicas, claro.

Parecía que desde junio se despejaba el horizonte para un PP andaluz sumido en una fosa pesimista y sin salida desde la famosa espantá de Javier Arenas, inexplicada hasta el día de hoy, y el desaire de Mariano Rajoy a María Dolores Cospedal, Juan Ignacio Zoido y José Luis Sanz. De ser un partido que le ganó al después imputado Griñán, hoy más de luto que nunca, las elecciones andaluzas de marzo de 2012, el PP del Sur pasó a sufrir una travesía del desierto que no tiene tierra prometida en el horizonte.

Por una parte, Javier Arenas, zombi ya en Andalucía, pero con papel de "recadero oscuro" de Rajoy en las tinieblas interiores, sigue enredando en Sevilla y otras provincias porque el que tuvo retuvo. Su presencia en la crisis del PP de Sevilla ha sido notable dividiendo al personal y atacando a quienes fueron sus cachorros: Juan Bueno, José Luis Sanz y otros. O sea, que Juanma Moreno no se libra de sus asechanzas y no ha logrado salvar a su pupila Virginia Pérez al frente de la secretaría general en funciones del PP sevillano.

Por otra hay desconcierto entre los propios partidarios porque Juanma Moreno, ligado en principio, y así se dijo, a Soraya Sáenz de Santamaría y su amigo Moragas, parece haber rolado, como los caballos cartujanos de Jerez que lo hacen a tordo, hacia el color del nuevo clan de los genoveses, Pablo Casado, Javier Maroto y Fernando Martínez-Maíllo, precisamente el clan que no ha salido bien parado en los nombramientos del nuevo gobierno de Rajoy. El futuro será lo que no ha sido, esperan.

Ahora va Mariano Rajoy y sitúa de ministro a Juan Ignacio Zoido, al que su propia designación en 2013, dejó con el culo al aire en una humillación política sin precedentes hacia la ahora ministra de Defensa, Cospedal, en el cuerpo de Zoido y el corazón de José Luis Sanz. Amigos no eran y desde el PP de Sevilla, sector crítico, esto es, el suyo, se ha procurado torpedear todo lo posible las futuras expectativas de Juan Ignacio Zoido a una presunta candidatura para la alcaldía en las próximas elecciones municipales de 2019.

Por si fuera poco, Rajoy ha tenido que medir muy bien su gobierno colocando a "negociadores" que ya han conocido al equipo de Ciudadanos en Madrid. Por tanto, Moreno no podrá acometer con fiereza el poco aseado comportamiento de Ciudadanos en Andalucía ni podrá enemistarse abiertamente con el partido que sostiene al suyo en Moncloa. Teniendo en cuenta que Ciudadanos en Andalucía succiona votos del PP, más que de otros, el futuro no parece electoralmente halagüeño.

Y como postre, Susana Díaz, la lideresa socialista, tiene que rentabilizar su "lealtad" institucional al PP de Rajoy descabalgando al desbocado Pedro Sánchez de la dirección del PSOE y permitiendo un gobierno legítimo. No cabe duda de que Susana Díaz exigirá la misma estabilidad que ha proporcionado a Rajoy y que ello implicará la "moderación" de la oposición que pueda desarrollar Juan Manuel Moreno en los próximos meses.

¿Cuál es la consecuencia? Que el PP de Andalucía no podrá levantar cabeza en mucho tiempo y que, naturalmente, la figura de Juan Manuel Moreno no podrá "florecer" en unos años, tal vez demasiados para seguir en el cargo. En su favor hay que decir que, al margen de otras consideraciones, suerte, lo que se dice suerte, no ha tenido. Pero cada uno se la labra a su manera.

¿Réquiem por el PP andaluz? No. Tiene una base electoral impresionante a pesar de sus dirigentes y, con Ciudadanos, es la esperanza para un cambio que libre a Andalucía de un régimen monopartidista que va a durar más de lo que duró Franco. O sea.

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