El estrafalario 31 de un septiembre negro

Pedro de Tena

"Los comunistas fueron los únicos beneficiados con el 34. La República, no. El socialismo, menos aún". Eso escribe Andrés Saborit en la introducción a su esencial biografía de Julián Besteiro, que, con otros socialistas, como es bien sabido, se opuso a tal golpe de Estado revolucionario contra la derecha que había doblado en escaños al PSOE en 1933. Aquel octubre de 1934, sin contar con los organismos de decisión elegidos por el PSOE y por UGT, Largo Caballero, desde su no es no a un Gobierno legítimo de la derecha de entonces, desencadenó una ofensiva contra la legalidad republicana vigente, apoyado por un sector de la UGT, especialmente el minero, los anarcosindicalistas asturianos, los comunistas y el independentismo catalán.

Aquellos hechos, y muchos otros anteriores y posteriores, debieron producir en el PSOE histórico y luego en el PSOE de la Transición una reflexión autocrítica que diera paso a una socialdemocracia moderna, donde el adversario político y social no fuese un ente dañino y perverso para los intereses ciudadanos sino, sencillamente, otra manera, tan legítima como la propia, de interpretar los intereses generales de un país. No se hizo. La famosa frase de "Hay que ser socialistas antes que marxistas" de un joven Felipe González sólo sirvió para conseguir la ocupación de todo el poder interno, pero no para dar paso a una socialdemocracia respetuosa con la democracia y con los adversarios externos e internos. Luego vino Zapatero a la grupa de un comportamiento vergonzoso el 11-M y mordió los cimientos sensatos que aún quedaban en el edificio socialista.

¿Pretendía Pedro Sánchez, otro largo caballero de 190 centímetros de altura física, consumar una operación, mutatis mutandis, dando por bueno un Gobierno con un PSOE en minoría (como mucho con 85 de 176 escaños) en manos de la izquierda radical comunista-populista y los independentistas al margen de los órganos representativos del PSOE? Pues tardaremos en saberlo porque la mayoría del Comité Federal reaccionó, aunque tardíamente, y ha abortado la posible intentona. Pero terminaremos sabiéndolo. Lo que parece ya cierto es que, como en el caso histórico mencionado, lo que se ha hecho ha beneficiado al PP –pronto será sí es sí– y a Podemos, no a la democracia y, desde luego, no a su partido, al que ha torturado innecesariamente porque sabía que no podía ganar, y al que ha mostrado finalmente su verdadera cara de trilero de la limpieza de los procedimientos internos.

El espectáculo de este ultimo día, el anómalo 31 de un septiembre negro del PSOE, será difícil de olvidar. Azaña contó que en 1934 fue a verle Fernando de los Ríos y describió así lo que ocurrió:

En cierto momento se le saltaron las lágrimas. Respondió que su situación era trágica. Pasaba por una terrible crisis de conciencia. Su formación intelectual y moral, su actuación de profesor y de militante, sus miras sobre España le habían encaminado siempre hacia otros métodos que los actualmente en boga en su partido. No podía abandonarlo en tales momentos y con gran repugnancia le seguiría.

Comprendí su nobleza, pero cuando escuché a Susana Díaz, a la que no parecen hacer daño los besos de los banqueros y grandes empresarios españoles, hablando otra vez de la derecha "dañina" comprendí que, de seguir así y con su mochila judicial a cuestas, es posible que el PSOE no tenga arreglo y que su gente de bien opte por la salida.

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