Desenclavando cruces del monte del olvido

Pedro de Tena

Desde el río Leteo y las flores de Homero al otro río suyo del poeta portuense José Luis Tejada, el olvido ha habitado en muchos lugares. Han sido árboles, copas, sombras, canciones, pan, el libro del olvido de Zorrilla y otros, pero desde Rafael de León, el olvido está en un monte, el monte del olvido. En ese monte se clavan cruces a los olvidados y, a veces, muy pocas, se desclavan algunas que consiguen ser rescatadas de la desmemoria. Hoy tenemos que celebrar que se ha logrado que dos cruces injustas hayan dejado de estar perdidas en el monte del olvido. La de los demócratas y constitucionalistas españoles y la de Antonio Burgos.

Desde hace tiempo, tanto Agapito Maestre y Federico Jiménez Losantos como yo y otros no tantos, venimos recordando la necesidad y la urgencia de coordinar la resistencia democrática ante las humillaciones de un Gobierno cuyo cinismo moral y su indiferencia ante la nación española y su soberanía están traspasando todos los límites. Reverencias a inhabilitados, mesas con imputados, permisos carcelarios a quienes conviene, pactos oscuros de dineros con dos regiones marginando a todas las demás, mentiras por sistema, negación de los hechos más evidentes… Tan grave es la situación que hasta en el seno del PSOE se levantan voces cualificadas contra un desatino que puede llevar a la desaparición merecida del partido.

Por eso es bien relevante que, a las fundaciones proconstitucionalistas ya existentes, como Foro España y sus sociedades civiles provinciales, Valores y Sociedad, FAES, Villacisneros, Civismo, Denaes y otras, se hayan sumado dos plataformas, una en torno a Nicolás Redondo Terreros y Francisco Sosa Wagner, La España que Reúne, y hace muy pocos días otra impulsada por María san Gil, Rosa Díez y Fernando Savater, Unión 78. Antes ya hubo muchos intentos, como Libres e Iguales, que se diluyeron en las maquinarias del olvido.

Pero, por vez primera, una de ellas, Unión 78, anuncia que propondrá movilizaciones de la sociedad civil en defensa de la nación española, la Transición y su Constitución frente al encanallamiento y crispación de la vida política nacional. Bienvenida sea la aportación y hagamos lo posible para coordinarnos todos en esta defensa democrática nacional sin más exclusiones que las de los que se excluyan.

La otra cruz clavada en el monte del olvido oficial, esta vez andaluz, es la de Antonio Burgos, uno de los grandes periodistas y escritores españoles, que tiene el don de ser verdaderamente popular como lo fue su admirado Rafael de León, al que, cómo no, destacó en alguna Rapsodia española. Cuando el pueblo te canta es que estás en sus venas. Por fin, la nueva Junta lo ha considerado merecedor de una medalla de honor, pero el autor de Andalucía, Tercer Mundo, libro clave en la emergencia civil andaluza que dio paso a las movilizaciones del 4 de diciembre de 1977, y otros muchos libros, versos, pregones, habaneras y recuadros, nunca fue considerado por un PSOE sectario digno de la distinción. Sí, su andalucismo no fue partidista ni antiespañol. Su discurso del pasado 28-F al recibir la medalla de Hijo Predilecto de Andalucía lo deja bien claro.

Cierto es que trata de no dejar títere sin cabeza, animado siempre por una libertad de criterio y expresión por las que peleó incluso contra ETA, que lo amenazó, mientras los que ahora se dicen tan valientes no movieron ni un dedo por ellas, o lo mueven contra ellas. Si ha fustigado sin piedad a presidentes socialistas como Zapatero, también dijo de un ministro de Aznar que tenía menos vergüenza que un gato en una matanza. Con Manuel Barrios, otro grande de la libertad de prensa, ha escrito páginas brillantes contra el poder del socialismo andaluz instalado desde 1982, sin perdonar los excesos de las derechas, sabiendo ambos que su entereza les llevaba directos y clavados en cruces al monte del olvido.

Desde El contador de sombras o El contrabandista de pájaros ha escrito mucho, pero dense una vuelta por su gatería, Gatos sin fronteras, donde él, un gato del periodismo y la literatura, se erige como un monumento a la independencia y ha tenido más vidas, y uñas, que el régimen que lo clavó en el monte del olvido. Pues ya hay dos cruces menos. Ole.

A continuación