Zapatero, presidente de la República

Pablo Planas

El siniestro José Luis Rodríguez Zapatero asoma la gaita en la "nueva normalidad", que es la normalización de las mentiras del Gobierno, la derogación de la separación de poderes y la abolición de la Monarquía constitucional en favor de una república bananera a la medida de los Ceaucescu de Galapagar.

La reaparición en estas fechas del nefasto expresidente que impidió la derrota policial, política y social de ETA y sumió a España en una de las peores crisis económicas de su historia es un signo mucho más inquietante que las previsiones del Banco de España sobre el PIB y el paro.

Tras las palabras del ministro de Justicia y enterrador mayor del Reino, Juan Carlos Campo, sobre la "crisis constituyente", la presencia de Zapatero en los medios es la confirmación de la catástrofe a la que se enfrenta España, carcomidos sus cimientos democráticos e institucionales por los partidos separatistas, los nuevos comunistas de Podemos, versión depurada de los peores comunistas, y los dos PSOE, el de los barones críticos que nunca hacen nada y el de Sánchez, que es la última destilación del zapaterismo de la nación como cosa discutible.

El cambio de régimen está en marcha y la intentona golpista tiene todos los visos de prosperar en medio del shock del coronavirus. Las arremetidas de la Fiscalía contra la Corona, las purgas en la Guardia Civil, las falsedades de Fernando Simón, las amenazas e insultos de Pablo Iglesias, las majaderías de Irene Montero y ahora Zapatero, quien tras ejercer de canciller volante de la dictadura chavista de Venezuela aspira a un lugar de privilegio en la tercera república, tal vez su primer presidente.

Zapatero es un personaje nefasto en el plano internacional, un gafe que no es bienvenido en la mitad del planeta por su mezcla de insensatez y frivolidad, cualidades que le han llevado a defender el hambre, la injusticia y las torturas en Venezuela. Es el tipo que habría organizado la tenida entre Ábalos y la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez en Barajas, el individuo que dice que nada sabe de los turbios manejos económicos de su embajador en Caracas, el inaudito sujeto que viene de declarar que China tiene que poner a los Estados Unidos en una situación "imposible". Es decir, China, la dictadura comunista que ha sembrado el caos en el mundo por sus mentiras sobre el virus.

Ese andoba, el peor presidente de la democracia en España, ha olido la putrefacción, el proceso de fermentación que él mismo inició con el Pacto del Tinell, con el Estatuto catalán, con las concesiones a ETA. Y sobrevuela en círculos, presto a lanzarse en picado sobre los restos de la nación.

A continuación