Una española en Nueva York

Pablo Planas

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha ido a los Estados Unidos para atraer inversiones hacia la región capitalina, defender el buen nombre de España y entablar una batalla cultural en relación al Descubrimiento de América. Las gentes de Podemos, los del PSOE y los independentistas han puesto el grito en el cielo. Cuando han sido Mas o Torra los viajeros, a toda esa gente que censura con acritud punto machista la gira de la presidenta madrileña les parecía estupendo que los prebostes del golpe gastaran dinero de todos los contribuyentes en vender la burra de la independencia de Cataluña y en despotricar contra España. A Mas y a Torra no les interesaba una higa atraer inversiones. Lo único que querían es que algunos congresistas despistados (generalmente los que preguntaban si Cataluña estaba al sur de Tijuana) apoyaran el movimiento separatista. Y eso no estaba mal visto por socialistas y comunistas, sino todo lo contrario.

En cambio, a Isabel Díaz Ayuso le caen encima toda clase de denuestos por reunirse con el consejo editorial del Wall Street Journal para explicar las excelencias de no sangrar a los ciudadanos con recargos autonómicos, facilitar la actividad empresarial en todas sus escalas y dar cancha a los inversores. O por reunirse con Michael Bloomberg y los fondos de inversión más importantes del mundo a fin de demostrar que Madrid es una excelente región en términos de seguridad, prosperidad y estabilidad que ha aplicado unas medidas frente a la pandemia que han merecido general consideración fuera de España.

Tampoco ha sentado nada bien entre la progresía que Díaz Ayuso proyecte una imagen limpia y optimista de nuestra nación, que defienda el legado español en Estados Unidos y que refute las teorías y modas indigenistas. Tal vez se critique en el fondo que sea ella, presidenta de una comunidad autónoma, y no el presidente del Gobierno, quien se encargue de velar por los intereses de España, de hablar de España y de representar una España unida sin hipotecas comunistas o separatistas. Pudiera ser.

La dirigente madrileña también ha mostrado su extrañeza ante las últimas declaraciones del papa Bergoglio sobre la evangelización de todas las Américas. Es harto improbable, salvo causas de fuerza mayor, que el obispo de Roma considere que los sacrificios humanos de mayas, incas o aztecas puedan ser considerados rasgos espirituales de civilizaciones avanzadas. De ahí la sorpresa que en cabezas bien amuebladas pueden provocar las consideraciones de Bergoglio para agradar al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien anda en campaña exigiendo disculpas a los españoles como si él fuera descendiente directo de Moctezuma en vez de nieto un señor de Ampuero. Allá él.

Por otra parte, las personas de bien rezan por Su Santidad para que conserve en buen uso sus facultades mentales ahora y por muchos años.

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