Un solo pueblo, la Cataluña socialista

Pablo Planas

¿Conoce el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a alguna familia de Cataluña vejada, insultada y amenazada por pedir clases de catalán para sus hijos? Si fuera el caso se entenderían sus palabras del domingo en Barcelona, cuando en referencia a la familia de Canet de Mar que ha pedido clases de español para su niño de cinco años el líder socialista dijo que condenaba el acoso "venga de donde venga". La expresión recuerda, por cierto, la fórmula que utilizaba Batasuna en los años de plomo, cuando a la vista de ataúdes blancos los dirigentes del brazo político de ETA condenaban la violencia "venga de donde venga".

Fina equidistancia la de Sánchez, que ha evitado escrupulosamente defender a la familia de Canet de Mar o pedir que se cumplan las resoluciones judiciales en materia de lenguas y escuelas. Sánchez es un hombre de una sensibilidad exquisita que sabe pasar de puntillas por aquellos asuntos que podrían soliviantar a sus socios de gobierno, cual es el caso de ERC, el partido que ha instigado un auto de fe catalanista contra la referida familia.

Por fortuna, a los dirigentes de ERC les quedan grandes, muy grandes, sus cargos. No hay más que ver a Rufián o a Aragonès. Si fueran verdaderamente conscientes de su poder no irían por ahí haciendo el gamba con cuotas de Netflix o martirizando a una familia por un 25% de español en clase de P5. Pedro Sánchez está en sus manos y dispuesto a hacer lo que haga falta por mantenerse en la Moncloa, pero en ERC son tan mezquinos, torpes y endebles que no saben hasta dónde podrían acogotar al presidente del Gobierno. Pobre Rufián. El chaval se cree un artista de la negociación y los socialistas se ríen de él por las esquinas. Netflix, Netflix, dicen por lo bajini. Qué bárbaro el muchacho. Otro tanto ocurre con Aragonès, el nen barbut, marioneta de Junqueras, el golpista que los días pares se cree que es un sabio y los impares, un santo.

Sucede también que en materia de política lingüística no hay muchas diferencias entre ERC y el PSC, tal como se ha puesto de manifiesto en el congreso que ha ratificado a Salvador Illa como líder de los socialistas catalanes. Mientras Sánchez evitaba apoyar a la familia de Canet, Illa renovaba los votos socialistas a favor de la inmersión lingüística, el tortuoso experimento imprescindible para convertir una región en una nación. Así, el nuevo primer secretario del PSC daba voces diciendo que su partido "no defraudará a la escuela catalana" y repetía la consigna "un solo pueblo". Lo decía no sólo en catalán sino también en español, para remarcar que su mensaje iba dirigido al sempiterno enemigo exterior:

No nos dividirán por la lengua. Mensaje claro a los que quieren dividir a Cataluña por la lengua: No lo conseguiréis. ¡Un solo pueblo!

¿Un solo pueblo? La frase es del dirigente del PSUC Josep Benet y fue pronunciada a finales de la década de los sesenta:

En este combate nos encontramos todos los ciudadanos de este nuestro país que queremos vivir en democracia y libertad. Todos, tanto los catalanes de origen como los otros catalanes. Todos reclamando que la enseñanza del idioma catalán sea una realidad para todos, para que en Cataluña nadie se pueda sentir discriminado por razón de idioma. Porque unos y otros, catalanes de linaje y nuevos catalanes, formamos un solo pueblo.

Es evidente lo que se pretendía. Enseñanza en catalán para "integrar" a los "nuevos catalanes" y construir la nación catalana; que esos "otros catalanes", considerados emigrantes en su propio país, renunciaran a su idioma y a su cultura para integrarse en esa Cataluña nacionalista, aunque siempre fueran a ser señalados por no ser "catalanes de linaje". Esa idea tan nefasta como cretina de "un solo pueblo" no tenía ni tiene nada que ver con la igualdad, sino que encierra la voluntad de aniquilar cualquier rastro de España en Cataluña, una voluntad de la que la izquierda catalana siempre ha sido cómplice porque antes que izquierda es nacionalista.

El PSC tiene mucha de la culpa de lo que ha ocurrido en Cataluña en las últimas décadas. Fue el colaborador necesario del pujolismo, prolongó el pujolismo a través de Maragall y ahora reivindica esas esencias, el pueblo único y eso que llaman la "escuela catalana", el sistema doctrinario de la inmersión inventado para los hijos de los "otros catalanes" porque los hijos de los "catalanes de linaje" van a centros concertados y privados donde se enseña español, catalán e inglés. ¿Un solo pueblo? ¿Qué pueblo? ¿Canet contra la familia del español?

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