Un Gobierno mínimo y residual

Pablo Planas

La huelga general convocada por el minúsculo sindicato del exterrorista Carles Sastre ha sido un fracaso, pero del Gobierno. Los piquetes han campado a sus anchas y han cortado las carreteras y vías férreas que han querido en medio de un vergonzoso despliegue de los Mossos destinado a proteger a los miembros de los infaustos Comités de Defensa de la República (CDR) de las iras de los conductores atrapados en atascos kilométricos.

El seguimiento habrá sido escaso, pero no así la incidencia en la movilidad de millones de personas, sometidas al dictado de los piquetes separatistas y abandonadas por un Gobierno al que le parece que asaltar las estaciones del AVE de Gerona y Barcelona y cortar el tráfico ferroviario es un incidente menor que no reviste la más mínima gravedad.

Es cierto que ya no va de un corte de líneas férreas o carreteras. Veinte personas son suficientes para sembrar el caos en la Diagonal de Barcelona. En cuestión de segundos una patrulla de la Guardia Urbana desvía el tráfico y un par de furgonetas cruzadas de los Mossos hacen el resto. No es que pase a todas horas, pero no es nada extraordinario que el CDR del barrio paralice el tráfico para dirigirse a la manifestación de turno en la Plaza de San Jaime en revolucionario desfile, con banderas al viento y escolta policial. "Las calles serán siempre nuestras", gritan. Y es verdad.

Con el régimen del 155 las cosas siguen peor que antes, porque ahora es el Gobierno quien incumple las leyes en Cataluña, quien permite que los piquetes informativos impidan moverse libremente a los ciudadanos, quien ha renunciado a evitar que los niños sean obscenamente adoctrinados y que en los medios públicos catalanes se agudice la manipulación mientras se celebra el "éxito" de la huelga.

¿Huelga? El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) avaló la convocatoria del exterrorista Sastre, pero en Cataluña no se ha llevado a cabo una huelga general sino un boicot violento contra el derecho a la libre circulación amparado por la sala de lo Social de la antedicha y acongojada instancia judicial y protegido por el Ministerio del Interior. El funcionario que salió en la Delegación del Gobierno en Cataluña a decir que la huelga tenía un seguimiento "mínimo y residual" describió, en realidad, al Estado en Cataluña y la nulidad de un 155 que de tan escrupuloso y acomplejado se ha convertido en cómplice de la República.

A continuación