TV3 y el no asesinato de Ernest Lluch

Pablo Planas

Los dirigentes separatistas no se cansan de repetir que su movimiento es "cívico", "pacífico", "festivo" y "familiar", una extraordinaria corriente popular animada por las más nobles aspiraciones de paz, fraternidad, libertad y tal. Mediante la repetición de la supuesta naturaleza angelical de todas y cada una de las exhibiciones del independentismo, los golpistas y sus defensas creen probadas sus benéficas intenciones cuando impedían el paso a una comitiva judicial, marcaban domicilios privados o sedes políticas, pisoteaban los derechos de la oposición o daban curso a la organización de un simulacro de referéndum que había sido repetidamente declarado ilegal.

Las reacciones del presidente de la Generalidad, Quim Torra, o del portavoz de los presos de ERC, Joan Ignasi Elena, a la declaración en el Supremo del exdelegado del Gobierno, Enric Millo, son otra prueba de esa carácter pacífico del odio nacionalista. Así, Torra aprovechaba una noticia ya retirada del diario "El Punt-Avui" para decir que existen las mentiras, las falsedades y luego, la deposición de Millo, que según el citado medio habría declarado que "no se puede negar que el independentismo es violento". Nada más lejos de la realidad, como ha tenido que reconocer el propio periódico. Da igual, Torra no ha retirado su mensaje. Joan Ignasi Elena, por su parte, tachaba a Millo de "miserable". Como consecuencia de la reiteración de mensajes de ese tipo, propios del cívico odio separatista, el exdelegado del Gobierno no puede salir a la calle en Cataluña sin protección policial, cosa que contrasta con el paisaje descrito por los acusados, sus letrados y los testigos de su parte de una Cataluña que protestaba contra las "fuerzas de ocupación" arrojando flores a los pies de la fuerza actuante.

Hay además en el separatismo una notoria propensión a blanquear el pasado de connotados exmiembros de las bandas terroristas ETA y "Terra Lliure", tendencia que se manifiesta con frecuencia en los medios de comunicación bajo su control. El asesino del empresario Bultó y del alcalde Viola y esposa, Carles Sastre, fue presentado hace tres años en TV3 como un "gran reserva del independentismo", sin mención alguna a su sangrienta contribución a la causa. Sastre es ahora el referente sindical del independentismo.

Mucho más reciente, del domingo pasado, es la entrevista que Ricard Ustrell le practicó en TV3 a Arnaldo Otegi. Ustrell es un admirador del personaje y no lo esconde. Lo ha entrevistado también para "Catalunya Ràdio" y ha contribuido a extender la teoría en Cataluña de que Otegi es un referente del pacifismo vasco. En condición de tal, Ustrell le preguntó a Otegi si la situación política catalana requería de personas como Ernest Lluch. A lo que el exterrorista respondía que "sí en la medida que él defendía el diálogo como método para resolver problemas políticos y lo hizo en nuestro caso". "Ahora mismo -añadía el exetarra- aportaría racionalidad al actual contexto". Pregunta y respuesta han sido difundidas por el propio programa de Ustrell, "Quatre gats", que cuesta algo más de setenta mil euros por programa.

Es puro periodismo catalán, un ejemplo de manual de objetividad, rigor y compromiso con la verdad en los medios públicos de Cataluña, pero a la manera nacionalista. El joven Ustrell, que sólo tenía diez años en noviembre de 2000, cuando la banda a la que perteneció Otegi asesinaba a tiros en Barcelona a Ernest Lluch, ni siquiera menciona el "detalle". Tal vez otros periodistas se hubieran sentido en la obligación de preguntar a Otegi por qué mataron a Lluch, pero no fue el caso de Ustrell, cuya productora cobra más de setenta mil euros por programa.

La supresión del hecho del asesinato de Lluch en la "narrativa" de esta estrella de TV3 es un caso especialmente grosero, pero en absoluto infrecuente en los medios de obediencia catalanista, que tienden a obviar todo aquello que no es cívico, festivo ni mucho menos pacífico en materia de información política sobre el separatismo, fines, medios y amigos.

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