Tubau, muerte de un disidente

Pablo Planas

Ha fallecido Iván Tubau, intelectual que plantó cara al nacionalismo desde el primer momento, escritor, poeta, maestro de periodismo y fundador de Ciudadanos. Considerado un peligroso disidente por el pujolismo, Tubau no se movió ni un milímetro de su militancia en las facciones de la verdad y la libertad durante los rigores del macartismo catalanista más cerril, en plena cocción de la actual patria catalana.

Tal vez los accidentes biográficos de Tubau puedan explicar su tendencia antiautoritaria. Su padre, anarquista, murió nada más salir del campo de Argelès, cuando Tubau, nacido en el 37, tenía cuatro años. Sin embargo, reducir su figura a hijo de exiliados, pintoresco hippy, periodista, profesor libertario y pope cultural represaliado sería tan injusto como obviar la gimnasia mental que llevó a Tubau por el mal camino de denunciar a través de todos los medios a su alcance la inmersión lingüística, el adoctrinamiento escolar, el sectarismo mediático y el experimento totalitario que practicó y practica con magnífica impunidad el catalanismo.

En una entrevista de Tubau a Tarradellas, el viejo presidente, ya fuera de la Generalidad, acuñó el término dictablanca para definir lo que se les venía encima a los ciudadanos de Cataluña. El texto fue publicado el 15 de agosto de 1982 en el suplemento dominical de Diario 16:

Lo que hay ahora en Cataluña es una especie de dictadura blanca. De todos los funcionarios que han entrado en la Generalidad, a ver si hay alguno que no sea de Convergència. Las dictaduras blancas son más peligrosas que las rojas. La blanca no asesina, ni mata, ni mete a la gente en campos de concentración, pero se apodera del país, de este país.

Ni que decir tiene que Tubau sufrió una vasta campaña de desprestigio de la que no le salvó ni tener las cintas con la conversación. Años después, cuando se involucró en la creación de Ciudadanos, el aparato propagandístico nacionalista difundió con gran éxito la especie de que el profesor Tubau, catedrático de Periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona, era un acosador sexual. Tan falso como literal. Lo tiene contado con profusión de detalles Antonio Robles en este mismo diario. Una muestra de cómo se las gastan los demócratas cívicos, pacíficos y festivos cuando se trata de desacreditar a un opositor.

Los herederos políticos de Pujol han continuado con las prácticas de la dictablanca. Algunos hechos recientes lo ponen de manifiesto. Inés Arrimadas dijo que llevaba escolta porque "ya se sabe lo que pasa en Cataluña" y no hubo ni un solo periodista orgánico que no le diera la del pulpo por insinuar que algunos políticos más que otros sufren ciertos riesgos físicos en la idílica tierra catalana. Como la realidad es tozuda, ayer mismo le calzaron dos puñetazos al presidente de Ciudadanos en L'Hospitalet, Miguel García. No en Twitter, no. En la calle, en una carpa de su partido. Un caso como el de las dos aficionadas de la selección española que fueron pateadas en la Meridiana el pasado verano, etcétera, etcétera. Eso pasa, como no dijo Arrimadas.

Otra de las características de la dictablanca es la de multiplicar el número de adictos al régimen presentes en las manifestaciones y convertir ocho en ochenta, ochocientos en ochenta mil, ochenta mil en ochocientos mil y así sucesivamente. Tubau los tenía bien calados. No lograron hacerle la vida del todo imposible, aunque pasó las del Miroslav Tichy, el artista checoslovaco al que metieron en el manicomio por oponerse al realismo socialista.

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