Trapero: luz verde para un nuevo golpe

Pablo Planas

De la lectura en diagonal de la sentencia de la Audiencia Nacional sobre el exjefe de los Mossos d'Esquadra y la cúpula política de la Consejería catalana de Interior cabe inferir que la desobediencia no es delito siempre que el acusado niegue en el juicio haber desobedecido. Es decir, que si Torra, en vez de hacerse el chulo ante el tribunal, hubiera dicho que no tenía ni idea de haber desobedecido, ahora mismo seguiría como un pachá en su despacho de la Generalidad. Claro que tampoco está mal. Condenado a año y medio de inhabilitación, cobra casi lo mismo y ya tiene nuevo despacho en Gerona.

En cambio, Trapero se jugaba la cárcel, razón por la que llegó a soltar la milonga de que tenía un plan para detener a Puigdemont si algún juez o fiscal se lo hubiera pedido. Pero hombre, Trapero, si te pidieron que colaboraras con la Guardia Civil y la Policía Nacional y no hiciste más que poner palos en las ruedas, faltar a las reuniones y joder con la pelota. Eso, y luego que Puigdemont se fugó gracias a los agentes que pusiste de escolta a tu amigo de la paella en casa de Rahola. Ah, qué tiempos. ¿Recuerdas? Estabais tremendos los dos tocando la guitarra y cantando "Paraules d'amor" y "Let it be". De entonces se te quedó el mote de Sargento Paella.

A Trapero, más que absolverle, le han indultado con la firma de dos magistrados de la "Injusticia española", según dicen los separatas, que en lugar de impartir justicia han interpretado que era ocioso condenarle cuando están en trámite los indultos para los jefes políticos del madero. La sentencia culmina un proceso judicial que comenzó cambiando rebelión por sedición y excluyendo a personajes como Artur Mas del juicio sobre el golpe de Estado, sigue con la absolución del jefe de policía que se pasó las órdenes judiciales por el arco del triunfo y concluirá con el indulto para todos los golpistas. De tal manera, el golpe de Estado les habrá costado a sus autores un máximo de cuatro años de prisión, y la mayor parte de ese tiempo en cárceles catalanas dirigidas por sus subordinados políticos.

Se están poniendo los cimientos del próximo golpe, que vendrá cuando el separatismo logre más del cincuenta por ciento de los votos en unas elecciones autonómicas. No están lejos y el sistema electoral, junto al régimen nacionalista, conspira para ese logro. Hay generaciones y generaciones educadas en el odio a España en la escuela catalana. Es cuestión de tiempo.

Contra la sentencia operan las imágenes de complicidad de cientos de agentes de los Mossos con el golpe de Estado, el delirante operativo arbitrado por Trapero para eludir las órdenes de los jueces, la fuga de Puigdemont y varios consejeros. Los jueces de la Audiencia Nacional, con la honrosa excepción de Concepción Espejel, han comprado la teoría de que Trapero actuó de forma "proporcionada" para "minimizar daños". Lo que no han tenido en cuenta es que Trapero daba cuenta a sus jefes políticos de las instrucciones fiscales y judiciales para intentar frenar el referéndum ilegal nada más recibirlas. O que se distinguió por entorpecer todas las acciones de la Guardia Civil en calidad de policía judicial para abortar la organización del referéndum. Las filtraciones eran tan groseras que, por orden de jueces compañeros de los que han fallado como han fallado, la Guardia Civil debía mantener una absoluta reserva con la dirección de los Mossos. Eso sí, cierto que por escrito Trapero no dejó ni rastro de sus dobleces.

En el próximo golpe será inevitable recordar y lamentar todo esto.

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