Sr. Rajoy, sea prudente

Pablo Planas

Nada hay más peligroso que una fiera acorralada y el PSOE, a estas alturas de la hemorragia, está en la situación de un oso malherido, un tigre panza arriba o una piraña en el bidé. Los patéticos sucesos del fin de semana en Ferraz han colocado a todos sus dirigentes, sin excepción, contra las cuerdas. La revuelta de los barones no ha acabado como el Rosario de la Aurora porque en realidad no ha terminado. El PSC, sea el de Miquel Iceta o el Nuria Parlón, no está por la labor de facilitar la investidura, pero es casi la única facción irredenta. Todos los demás barones, con más o menos entusiasmo, apuestan por taparse la nariz y abstenerse en la investidura. Si el PP les lleva a unos terceros comicios porque alguno de sus genios de cabecera avizora una nueva mejora de resultados, el brete puede ser entre contraproducente y catastrófico para su partido, señor Rajoy.

Especular con el fin del PSOE en un tercer asalto es desconocer la capacidad del electorado nacional para atizarle en todos los morros a las empresas de encuestas, desmentir de plano las previsiones demoscópicas y fintar a los sondeos. Ahora mismo, la pendejada que se ha dado en llamar relato ha virado y sólo el PP sería el culpable de que España fuera objeto de un ridículo planetario en unas terceras elecciones, antes del gordo o entre de los villancicos. La primera reacción del PP cuando Podemos amenazó con dejar caer los gobiernos autonómicos del PSOE si se decapitaba a Sánchez fue de una cierta coherencia. Se comprometieron a apoyar la gobernabilidad en esas regiones, lo que inevitablemente habría de tener un correlato nacional. Otra cosa es humillar a los vencidos, hurgar en las heridas y patear las pelotas de los caídos. Se lo merecen, sin duda, pero no precisamente por usted, señor presidente.

El PP tiene a la mayoría de su funcionariado, la banda de los bigotes, los bárcenas y los yonquis del dinero, en el banquillo por choros y, al tiempo, la gran suerte de que la guerra civil socialista compite en las informaciones con las fotografías de las mafietas peperas, que incluso piden que comparezca usted ante los jueces porque es difícil de explicar que no se enterara de la misa la mitad. Señor Rajoy, sea prudente, no maree la perdiz y controle el punto de cocción del arroz, no sea que se le pase y en vez de otra fiesta de la democracia le salga una plasta tan indigerible como una paella de chorizos, y no precisamente la del cocinero inglés (vaya contradicción) Jamie Oliver.

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