Salvemos la paella

Pablo Planas

El separatismo no respeta nada y su última víctima es la paella valenciana. No hace tanto que el mediático cocinero inglés Jamie Oliver provocó un follón de trending topic al presentar su interpretación del afamado plato con el añadido del chorizo. La reacción italiana contra la piña en la pizza fue una mera escaramuza al lado de la encarnizada guerra de la "authentic spanish paella recipe". Según la wikipaella, la paella no es arroz con cosas sino una afinada especialidad que requiere de especial protección ante la profusión de crímenes contra la salud alimentaria que se cometen en su nombre.

En El libro de la cocina española de Néstor Luján y Juan Perucho se describe una receta de paella que incluye pollo, lomo de cerdo, salchichas, jamón, calamar, almejas o mejillones, langostinos, gambas, algo de rape "u otro pescado fuerte", "vaquetes", que son caracoles criados entre romero, más judías "de garrafón", alcachofas, tomates, ajo, pimientos rojos y verdes, guisantes, perejil, pimienta, pimentón, azafrán, caldo somero, aceite, limón y sal. Ni rastro de chorizo.

En cambio, en el canónico manual para cocineros El Práctico, que presenta el subtítulo "resumen mundial de cocina y pastelería", la paella requiere mención especial. Describe una suntuosa preparación con congrio o anguila, langosta, mejillones, camarones, gambas, sepia y calamares. "En el momento deseado -señala-, se mezclan todos los ingredientes o la cantidad necesaria, además de agregar guisantes verdes cocidos, pimientos morrones, cuartos de alcachofas salteadas, puntas de espárragos, chorizos riojanos pasados un poco por el horno y luego cortados en tajadas y un poco de azafrán".

Además del denostado chorizo, El Práctico advierte de que la paella "admite y resulta muy sabrosa con pichón de paloma o con conejo tierno en vez de pollo y también otras clases de mariscos, por ejemplo almejas, cangrejos, ostras, berberechos, centollos, ranas y caracoles, y en legumbres admite judías tiernas, pimientos verdes y colorados asados y sin cáscara, habas tiernas cocidas y hongos frescos (‘champignons’)".

Para la marquesa de Parabere, la paella no lleva chorizo, a diferencia de la receta del libro de Simone Ortega, que introduce medio chorizo (especifica que sin piel) para elaborar ocho raciones. Pero el problema de la paella no es que Jamie Oliver le meta chorizo, que como se ha visto no es el único, ni que a cualquier cosa se le llame paella, sino la utilización política de la paella, la conversión del plato en un churro amarillo a mayor gloria del golpismo separatista.

Avisa el diario digital de Xavier Rius de la creación de la paella con lazo amarillo, el último invento del activismo nacionalista, un arroz con mejillones que enarbolan pancartas por la libertad de los golpistas presos con el toque de una esvástica "lazi" en el centro montada con un material indeterminado que bien podría ser ajoaceite o puro plástico.

Después de semejante agresión, la paella puede sufrir un ataque terminal si se confirma la intención de Pilar Rahola de reeditar la fiesta de la paella trapera de 2016, aquella "fiestaza" en la propiedad en Cadaqués de la editorialista del conde de Godó amenizada con un arroz preparado por el que fuera jefe de los mozos de escuadra.

El año pasado no hubo tema en Cadaqués entre Rahola y Puigdemont con Trapero de comisario paellero, pero la musa del proceso anunció el otro sábado en TV3 que este verano sí que habrá paella por la república, pero en Waterloo. El cocinero no podrá ser Trapero, que no puede salir de España por su actuación durante el golpe de Estado. Cabe recordar que el "major" le colgó el teléfono al juez que había enviado a una comitiva judicial a registrar la consejería de Economía. El muy cachondo le dijo al magistrado que no reconocía su número y que ya le llamaba él al juzgado. El pobre juez pedía ayuda al jefe de los "Mossos" para que rescatara a la secretaria y los guardias civiles que estaban siendo asediados por la turba convocada por los Jordis.

Volviendo a la paella, se desconocen los ingredientes que utiliza Trapero en su versión. Lo mismo le echa ratafía al sofrito y le mete butifarras y "secas" a saco en el condumio. Y lo mismo no está mal, pero quedamos a la espera de la nueva paella de Waterloo. Mientras tanto, los presos de la república comiendo el pienso que la Generalidad distribuye en las cárceles de su jurisdicción, según dicen. Claro que peor lo pasa Puigdemont, que está hasta los cojones de bratwurst y mejillones con patatas fritas.

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