¿Qué es la CUP y de qué va?

Pablo Planas

Diez diputados del Parlamento catalán mantienen en vilo a Artur Mas, a Junts pel Sí, a lo que queda de Convergència, a ERC, a los medios catalanes, a los proveedores de la Generalidad y a los partidarios del proceso y la desconexión, que al parecer son menos o hacen menos ruido. Son los representantes de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), de cuyo origen y función corren leyendas y lo que no son leyendas. Pujol y sus sucesores se dedicaron durante años a engordar la nómina de partidos independentistas para quitar terreno a ERC. De aquella cantera convergente son Reagrupament, una escisión de ERC en 2010 provocada por el exconsejero del tripartito Joan Carretero, y Solidaritat Catalana, lo de Laporta y el inefable notario Alfons López Tena, vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) entre 2001 y 2008, que se dice pronto. Aquellos dos partidos tenían como misión socavar a ERC, dividir y fragmentar el voto independentista.

Los orígenes de la CUP son mucho más remotos, hasta el punto de que las siglas proceden de las primeras elecciones municipales, en 1979. Sin embargo, su eclosión se produce un año después de la aparición de Reagrupament y Solidaritat, en las municipales de 2011, cuando lograron presentar ochenta candidaturas y alcanzaron cuatro alcaldías y decenas de concejales. Su peso electoral ha aumentado con el comienzo del proceso, que datan en el referéndum de Arenys de Munt del 13 de septiembre de 2009. Una moción de la CUP en el pleno municipal dio pie a la primera prueba de referéndum separatista e implicó a significados dirigentes nacionalistas. El presidente de la junta electoral iba a ser el consejero de Justicia de Unió Agustí Bassols, que fue sustituido a última hora por Antoni Castella, ex de Unió y ahora en CDC. En la "comisión evaluadora" estaba Alfons López Tena, que acaba de dejar el cargo de vocal del CGPJ y esperaba la creación de Solidaritat. Ahora está en Convergència. Junqueras, entonces eurodiputado, y Tardà, también formaban parte del experimento.

Todos estos farragosos detalles son los que barajan los promotores y creyentes del acuerdo entre Junts pel Sí (los de siempre, pero juntos) y los chicos de la CUP, que fueron los que tiraron la primera piedra por sugerencia del establishment nacionalista.

Opera en contra de su análisis la obstinación y determinación con la que los múltiples portavoces de la CUP saben decir que no y que no a investir presidente a Artur Mas. Y sorprende la resistencia con la que aguantan el chaparrón mediático y la presión política. Les acusan nada menos que de dinamitar el proceso por su manía contra Mas. Del último sondeo entre las bases, la asamblea en Manresa, salió que no y no parece, a tenor de las últimas intervenciones cuperas, que el resultado pueda ser muy diferente en el Teatro de la Pasión de Esparraguera, adecuado escenario para la asamblea del 27.

En Convergència alucinan. Se les han ido de las manos, se han hecho mayores, se les ha infiltrado el CNI o el demonio, afirman. Se habían olvidado de que la CUP son restos de Terra Lliure hermanados con Batasuna, un material altamente inflamable. Educaron a Daniel Fernàndez con gran éxito: a Rato la chancleta y a Pujol el masajeo. Sin embargo, los nuevos cuperos no parecen tan dóciles.

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