Papá Sánchez, fuera de control

Pablo Planas

Promete Sánchez, el presidente del Gobierno, que los padres podrán pasar la Navidad junto a sus hijos. Así, tal cual. El hombre está desatado, desencadenado, "on fire" que se dice. Comparece en el Congreso con un dominio, una superioridad y un desahogo que no tienen parangón en ningún líder democrático occidental. Está a la altura Sánchez de un Aleksander Lukashenko, el bielorruso, en materia de aplomo, suficiencia, así como en despreciar a la oposición y en ningunear a la disidencia. Hace lo que le sale de los dídimos sin perder la sonrisa de malote canallita. Es un espectáculo.

O sea que los padres podrán ver a sus hijos y los abuelos a sus nietos por Navidad, sostiene ufano, pródigo y magnánimo. Pues muchas gracias, excelencia, lucero de la Unión Europea, impulsor de las vacunas, promotor de la recuperación económica, patrón de las artes y las ciencias y doctor honoris causa en lo que sea. El presidente es capaz de convertir lo normal en un acontecimiento extraordinario debido a su gestión, a que él pasaba por ahí, a que reparó con la mirada en el asunto.

Así que ni ómicron, ni presión hospitalaria, ni contagios desbocados ni gaitas. El padrecito Sánchez da por inaugurada la Navidad en España, donde estarán permitidas las reuniones familiares y hasta salir de fiesta. Este hombre es un titán, un genio, un fenómeno progresista, experto en la creación y administración de clímax. Casado, a su lado, un bulto. La juventud baila en Twitter al son de Sánchez y promete fidelidad eterna al amo de la noche. Jugada maestra.

Con el viento de cola, ningún desastre le afecta. La recuperación no llega y la luz ya va por los cuatrocientos euros el megavatio. ¿Y? Aquí la única huelga que ha habido es la de Garzón y sus muñecas de Famosa. Ojo no arrase en Castilla y León. Está fuera de control.

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