Otegi, el socio de Sánchez

Pablo Planas

El Tribunal Supremo ha ordenado la repetición del juicio a Arnaldo Otegi y cuatro individuos más por pertenencia a organización terrorista. A modo de telegrama, la Audiencia Nacional condenó a Otegi en 2012 a seis años y medio de cárcel y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) consideró en 2018 que se había vulnerado el derecho de este sujeto a un juez imparcial porque la magistrada Ángela Murillo le preguntó en otro proceso si condenaba el terrorismo y, ante el silencio del encausado, la juez adujo: "Ya sabía yo que no me iba a contestar esa pregunta".

Ese comentario mostraba a las claras según los jueces del TEDH que Otegi y el resto de los condenados no habían tenido un juicio justo. El condenado cumplió gran parte de la pena y el próximo febrero concluía la inhabilitación que le impuso la sentencia revocada en la instancia europea.

Que quede claro que, sea cual sea el resultado del nuevo juicio, Otegi no tendrá que volver a entrar en la cárcel. Y que si se le vuelve a juzgar es porque el Convenio Europeo de Derechos Humanos excluye de la prohibición de volver a juzgar un asunto dos veces casos como este, en el que supuestamente se ha vulnerado el derecho de los acusados a un juez imparcial.

Ya se sabía que podía pasar esto cuando los abogados de Otegi presentaron su recurso ante el TEDH y, a diferencia de lo que está diciendo la izquierda política, periodística y judicial, no significa que España sea Turquía, sino todo lo contrario. ¿Qué más puede pedir alguien que supuestamente no ha tenido un juicio justo sino que se repita el juicio? Y más cuando ya ha cumplido la pena.

¿O es que acaso tiene miedo Otegi de que el tribunal vuelva a fallar que pertenecía a una banda terrorista y cumplía órdenes de la cúpula terrorista?

Quien sí que tiene miedo y hasta pavor es esa izquierda instalada en el Gobierno que ha blanqueado a Otegi y a su partido EH Bildu a cambio de cinco miserables votos para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Y toda esa peña periodística catalanista que se ha dedicado durante los últimos años a pelotear a Otegi llamándole "hombre de paz" y "Nelson Mandela europeo" en el colmo del periodismo arrastrado, baboso y amnésico.

El pánico a que se vea de qué calaña son los aliados del PSOE y Podemos es lo que induce a las extensiones mediáticas del Gobierno a deslizar el infundio del golpismo judicial, de que la sala segunda del Tribunal Supremo forma parte de esa entelequia del ruido de sables, ahora de togas.

Que a Otegi se le vaya a juzgar de nuevo sirve para refrescar la memoria, recurrir a la hemeroteca y redescubrir la historia del personaje que jamás ha condenado el terrorismo, porque eso sería tanto como condenar su vasta trayectoria de secuestrador y pistolero de ETA, que es lo que fue durante más de la mitad de su vida adulta. El Gordo era entonces el alias del tipo que ahora es el socio de Pedro Sánchez y que en calidad de tal forma parte de la dirección del Estado, según Iglesias.

Son datos a tener en cuenta el día en el que se cumple el veinte aniversario del asesinato de Francisco Cano, concejal del PP en la localidad barcelonesa de Viladecaballs. Lo mataron los mismos terroristas que semanas antes habían asesinado a José Luis Ruiz Casado, otro concejal del PP en San Adrián del Besós, y al exmimistro socialista Ernest Lluch. Tras Cano mataron al guardia urbano de Barcelona Juan Miguel Gervilla y ya entrado 2001 al mosso Santos Santamaría.

En todas las entrevistas que le han realizado los medios catalanes públicos y privados afectos al proceso independentista jamás se le ha preguntado a Otegi por estos hechos. Tampoco por la matanza de Hipercor ni por ningún otro de los atentados perpetrados por su banda en Cataluña.

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