Miguel Poveda, el cante de Rajoy y Mas con los fiscales

Pablo Planas

El artista catalán Miguel Poveda debe de ser la única personalidad cultural relevante que le ha cantado las cuarenta al president de la Generalidad, Artur Mas, cosa para lo que se requieren dosis de testosterona que no están al alcance de cualquiera. Sin ir más lejos, el tal Mas ha aprovechado que hoy era el Día de la Justicia para llamar a capítulo al fiscal jefe de Cataluña, José María Romero de Tejada, y al presidente del Tribunal Superior de Justicia, Miguel Ángel Gimeno, y decirles que "hay que casar legalidad y legitimidad". Como en las bodas de Camacho y Quiteria, "él tan rico como ella hermosa, y ella la más hermosa del mundo", Mas quiere de testigos del casorio al que firmó la querella (Romero de Tejada) y al que debe decidir si prospera (Gimeno). La dote la pone el Estado y la fermosura Mas y su vicepresidenta insurrecta, Joana Ortega.

Con la justicia acogotada y Rajoy en un semisótano de hotel, entre lo incógnito y lo clandestino y a la carrera para asistir a otra boda, Miguel Poveda ha sacado el garrotín, que es palo del flamenco original de los gitanos de Lérida. Y con eso, jondo y valiente, Poveda se ha arrancado con estas palabras: "Artur Mas me cae fatal y deja mal a los catalanes como yo". Se ha puesto farruco, flamenco y el mundo por montera. De Barcelona, criado en Badalona, Poveda es el último catalán, irrendento, insumiso y de pocas pero claras palabras. Ajeno a los partidos, al cantaor le ha salido un grito desgarrado, un rasgueo de las cuerdas vocales, el sonido de la disidencia, la contraseña de la razón, la consigna de los olvidados, el clamor silenciado. Con un par y a despecho de su fortuna, Poveda ha resumido lo que deberían haberle dicho a Mas hace mucho tiempo ya Romero de Tejada, Gimeno y hasta el mismísimo Rajoy.

Poveda está harto, cansado, hasta los dídimos del coñazo prognático de Mas, Rahola, Forcadell, Turull y Junqueras. Harto de estar harto y harto del contexto circundante, de la transformación de Cataluña en un banco de pruebas de la cretinización social, del control mediático y de la manipulación escolar. Harto también de las contemplaciones, las dejaciones y el mamoneo.

El problema de Poveda es que un artista, y además flamenco, en un país en el que su idioma está proscrito, sus orígenes se consideran bastardos y la exposición de sus discos en los escaparates está restringida en base a estrictas normas sobre la catalanidad de lo que es correcto exhibir en las tiendas, mayormente manufacturas chinas con la bandera independentista.

A Poveda, como a Dolores Agenjo, la directora de instituto de L'Hospitalet que se negó a abrir el recinto para el referéndum del 9-N, nadie del PP y mucho menos del Gobierno le ha llamado ni para darle las gracias. En cambio, Rajoy garantiza liquidez a Mas, Mas amenaza a los jueces y fiscales y los artistas y futbolistas catalanes de la selección española se las dan de demócratas y comprometidos tras votar en el referéndum separatista y mostrar las fotos en el Twitter.

Poveda es Cataluña y Cataluña es España. ¡Viva Poveda!

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