Libertad Digital y el pianista en el burdel

Pablo Planas

Esto es un fangal, un agujero negro, un estercolero, una fosa séptica. El envilecimiento es general. Hace ya un tiempo que el Rey se acogió a la jublilación anticipada, pero las redadas continúan. Madrid es una fiesta y Barcelona, una orgía. Tarjetas negas y tarjetas rojas, Caja Madrid y Catalunya Caixa; Bárcenas y los Pujol, Rato y Serra, Acebes y Pepiño, Oriol, Iñaki, Fernández Villa y el pequeño Nicolás. También están CCOO, Pulgarcito, los tres cerditos, Alí Babá, doña Urraca y Peter Pan. Y los ERE de Andalucia más Cártago contra Roma. El caos es colosal; el cataclismo, fenomenal. No queda títere con cabeza, España se casca y se cuartea. Es el principio del fin y Libertad Digital está en medio del sidral. Sale en El País y en El Mundo y hasta en TV3.

¿Libertad Digital? Sí, este "grupo mediático", lo que viene siendo un puñado de gentes que a fuerza de rectos, cabales, tolerantes y persistentes resulta que compiten en plano de igualdad con medios de comunicación públicos y privados que miden su potencia, presencia y sustancia en función de los números rojos. Y cuanto más rojos, más untados, más importantes y más vendidos. A la contra, en la trinchera, en las barricadas de las noticias, del instante exacto, de la frase literal, del acto inédito, inaudito o inexplicable, los tipos y mujeres de esta casa que se baten con las noticias; esas gentes que de sol a sol o del atardecer al alba entregan sus horas a la funesta manía de informar, opinar, contar, entretener o simplemente estar.

Esas personas entienden mucho de corrupción. Tratan con ella cada día. De hecho, casi se podría decir que les da de comer. La tienen que contar, la explican, se topan con ella casi a cada instante, la diseccionan y la denuncian. Y ahora resulta que el caso Bárcenas, la caja b o c del PP, un viejo gerente, un nuevo tesorero, una panda de pillos, lo de Granados y los siete hijos del matrimonio Pujol-Ferrusola va a ser lo mismo que levantarse muy pronto o acostarse muy tarde para explicar al paisanaje qué pasa, cómo está el patio y por dónde le van a asaltar el bolsillo, la moral o las ganas de vivir.

No y no. No es lo mismo y no tiene nada que ver. Pinchan en hueso porque las insinuaciones, las cavilaciones y las maledicencias son pólvora mojada contra la vigilia, el trabajo, la honradez y la honestidad. Dicen que si la esposa de Bárcenas, que si Acebes, que si este o aquel compraron acciones de Libertad Digital. Perfecto. Hasta puede que perdieran dinero. En el pecado llevan la penitencia y en el mercado la merma. O no, porque Libertad Digital no es un ayuntamiento, no es un galpón autonómico ni una covachuela de enchufados. De hecho, mi exsuegra me mira mejor desde que Libertad Digital sale en la tele. Ahora ya puedo decirle que, en realidad, soy el pianista del burdel y el violinista en el tejado.

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