¿Lealtad al Rey?

Pablo Planas

Gran conmoción entre los crédulos. Pablo Iglesias, Irene Montero, Yolanda Díaz y Alberto Garzón han prometido lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución. Los ministerios han obrado el prodigio de que feroces republicanos, comunistas de acero y ases de la coherencia se hayan desprendido de sus principios, sólidamente labrados desde la cuna por papás y abuelos republicanísimos, para abrazar la fe en la monarquía parlamentaria y el régimen constitucional. Glorioso espectáculo, épica bajada de pantalones, pornográfico rito de paso. ¿Pero tiene algún valor la palabra del vicepresidente y los ministros de Podemos?

Puede que Sánchez crea en su papel civilizador, en que la asunción de responsabilidades de Estado por parte de sus incómodos socios acarreará una rebaja de los postulados podemitas, que Iglesias y Garzón ya no estarán por la labor de subastar la nación de la que son rectores. Sin embargo, el presidente sabe de primera mano el escaso valor que tiene la palabra de determinados personajes, empezando por él mismo. Puro cinismo. El respeto a las formas, además, es lo último que se puede esperar de un Gobierno cuyo presidente ha decidido nombrar a la exministra de Justicia, Dolores Delgado, fiscal general del Estado, en un alarde de desprecio por la separación de poderes.

También podría ser, y es lo más probable, que los nuevos ministros de la cuota de Iglesias hayan prometido sus cargos como esas parejas que se juran amor eterno ante el concejal de festejos mientras están pensando en ponerse los cuernos nada más salir del ayuntamiento. París bien vale una misa, también un ministerio, aunque sea el de Consumo. En eso Garzón imita a Companys, que proclamó la república catalana porque había dejado de ser ministro de Marina.

No cabe la menor duda de que Rufián, Torra, Junqueras y Puigdemont aceptarían gustosos un ministerio del Gobierno de España, y mucho más una vicepresidencia segunda como la que ha trincado Iglesias, si el precio es decir que se promete lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución. Lo raro en materia de juras y promesas es que las relativas al presidente del Gobierno y los ministros no se hayan contaminado de la moda del Congreso y el Senado, cámaras en las que se puede prometer el cargo por fidelidad a la república, lealtad al Rayo Vallecano y, sobre todo, adhesión al Erario.

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