La Nochevieja de los Pujol, sin rastro de Chencho

Pablo Planas

Los Pujol vuelven. Se ha repuesto la serie Operación 3% y la Audiencia Nacional notifica a los señores Jordi Pujol y Marta Ferrusola que deberán declarar como imputados por blanqueo de capitales. El juez José de la Mata ha llegado a la conclusión de que todos los Pujol forman parte de un clan con "un patrón de comportamiento reiterado durante años que apunta elementos básicos de una organización cuyos perfiles definitivos están aún bajo investigación", según la información de Libertad Digital. El auto es como un guión de Los Soprano, una joya de la literatura judicial, un estudio forense que remite a Jordi Pujol i Soley, presidente de la Generalidad entre mayo de 1980 y diciembre de 2003, como autor intelectual y material del mayor pelotazo de la historia de España. Corrupción en cantidades "multimillonarias", escribe el magistrado.

Puesto que "los perfiles definitivos están aún bajo investigación" y los tiempos judiciales son lentos, los que están de perfil, como es el caso de Mas, sucesor de Pujol a título de presidente en funciones de la Generalidad y presidente de lo que queda de Convergencia, pueden estar tranquilos de momento. Es obvio que el agrupamiento de todos los expedientes pujoleros en la Audiencia Nacional es una mala noticia de cara al "consejo político" de los cuperos, pero en peores situaciones se ha visto Artur Mas. Otro empate es posible.

La saga de los Pujol es una gran familia, pero no como la de Pepe Isbert y Chencho en la Plaza Mayor, sino de otro tipo. Se juntan en casa por Navidad, pero sus conversaciones no deben de girar en torno al excuñado/a más gilipollas. Es de suponer que eso será como un consejo de administración con los nietos delante para que vayan aprendiendo de qué va la vaina.

Mucho se habla de la reunión de la CUP del próximo domingo, otra jornada de infarto y transistores. Mas puede bajar a los infiernos o ascender a los cielos de la reelección, pero la Nochevieja en casa de los Pujol no es moco de pavo ni en cantidad ni en efectos. La última palabra la tiene el patriarca, porque en General Mitre o en los casoplones de La Cerdaña no se celebran asambleas y mucho menos comunistas, feministas y antisistema. Separatistas sí, pero es la única coincidencia. Maquiavelo, Sun Tzu, Napoleón y Bruce, be water, Lee son unos aprendices al lado de Jordi Pujol i Soley, capaz de diseñar a base de relaciones, talones y órdenes una estrategia que emplace a Cataluña e incluso al resto de España en el mejor de los escenarios para él y el peor para los demás. El molto onorevole conoce el territorio, se lo ha pateado de norte a sur y de este a oeste. Su afición preferida es recorrer el país los fines de semana y dar lecciones morales al paisanaje. Esas chicas y chicos de la CUP tienen tíos, padres, primos, abuelos y ojalá que bisabuelos que alguna vez tocaron a Pujol y éste les llamó por su nombre (Prenafeta era un crack preparando escenarios) y les dedicó una foto. Entonces no había selfies.

Pase lo que pase el día 3, en la reunión tal vez final de la CUP, Pujol tiene muchos ases en la manga y contactos en la agenda como para descartar que Mas vuelva a ser presidente de la Generalidad, por mucho que les duela a Anna Gabriel, Busqueta, asesor personal de Chávez, y al conductor de autobuses y concejal en Barcelona Josep Garganté, el del odio en los nudillos.

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