La Liga Norte, pero con brigadas callejeras

Pablo Planas

Los amigos Mas y Junqueras están dispuestos a reventarlo todo siempre y cuando la operación les garantice la perpetuación en el poder o su conquista. Son tan patriotas como poco desprendidos para lo suyo, por lo que no han dudado ni un segundo en exigir sacrificio, compromiso, firmeza, generosidad y blablabá a todos, sean propios, de los otros, empresarios en apuros, trabajadores en paro o familias en la cuerda floja. Sin embargo, ellos se muestran renuentes y remolones a hacer cualquier cosa que les suponga el más mínimo riesgo personal y han establecido un fructífero diálogo consistente en que Junqueras no acepta ser el segundo de Mas en una lista conjunta y Mas no acepta adelantar las elecciones a menos que Junqueras se avenga a servir de sapo en la fábula de la rana y el escorpión.

Toda la nación dispuesta a lanzarse a la carga, a la espera sólo de una señal del cornetín y el general Mas y el coronel Junqueras discutiendo en público y por este orden el reparto del botín, quién hará de sátrapa y quién de tirano y si se ataca hoy o se deja para mañana, a ver qué dicen las encuestas. El espectáculo es de escasa complejidad y consiste en que Mas y Junqueras se juegan la poltrona, cosa que les preocupa más que la economía, la salud pública, el futuro de los catalanes y la mismísima independencia. Y mientras parlamentan sobre si la perdiz es referendaria o participativa pasan los días, caen las hojas, crece la bola y se agranda la fractura social.

La ANC tiene barra libre para que sus militantes vayan por los comercios señalando a los afectos con carteles amarillos o directamente por las casas tomando nota de las inclinaciones de sus habitantes. La indigesta mezcla de uniformidad amarilla y propagandismo sectario es un homenaje al Berlín de los años treinta y a La Habana de los comisarios políticos de escalera. Al igual que sus jefes políticos, han perdido los reparos, los modales y el sentido del ridículo, que en este caso es lo de menos.

Cataluña es una auténtica excepción en la Europa occidental. Manda un frente separatista que es lo más parecido que hay a la racista, fascista e independentista Liga Norte. La diferencia está en que la Liga Norte no dispone de brigadas callejeras uniformadas.

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