La factura de ERC y Bildu

Pablo Planas

El balance de daños de los pactos de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para los Presupuestos es catastrófico, un siniestro total sin paliativos. Grosso modo, el español ya no es el idioma oficial de España, el partido de ETA ha entrado en el Gobierno, el Ejército ha sido expulsado del País Vasco y los golpistas de ERC deciden la política fiscal de Madrid.

El Ejecutivo podría haber optado por acordar las cuentas del Estado con Ciudadanos en un alarde de sensatez política que podría haber disfrazado de geometría variable, pero ha preferido entregar España a ERC, Bildu y el PNV en pago del alquiler de la Moncloa y la hipoteca de Galapagar. 

Los propagandistas del régimen dicen que quitar la condición de vehicular en la enseñanza al español es una chorrada, que los niños catalanes acaban el bachillerato hablando la lengua de Cervantes mucho mejor que si la hubieran estudiado en Madrid, Bogotá o Miami. Y cuela. También dicen que ETA ya no existe, que Otegi es un "hombre de paz" y que ERC no es golpista. Dicen cualquier cosa y lo que sea con tal de camuflar la catadura de Sánchez, Iglesias y sus socios.

Visto el paño de ambos personajes y lo poco que han tardado en decir que sí a sus exigencias, los separatistas vascos y catalanes deben tener la duda de no haber sido lo suficientemente jetas, aunque el indulto de los golpistas de octubre del 17 está prácticamente hecho.

Por otra parte, la letra pequeña del acuerdo del Gobierno con ERC es muy suculenta. Se levanta la supervisión de los gastos de la Generalidad, un residuo del 155 de contrastada ineficacia, se otorga a la Generalidad la gestión y concesión del Ingreso Mínimo Vital y se crea un comité bilateral Gobierno/ERC para aplicar un mismo impuesto de patrimonio en toda España. Como apunta Carmelo Jordá en un artículo titulado "Lo que Rufián no perdonará nunca a Madrid", ERC ya no quiere gobernar en Cataluña sino que pretende implantar sus políticas confiscatorias en todo el territorio nacional y en especial en Madrid, región que los golpistas consideran un paraíso fiscal porque la presión impositiva sobre sus ciudadanos y empresas es sustantivamente menor que en Cataluña.

Así es que Madrid demuestra que en el ejercicio de su autonomía se puede diseñar un sistema fiscal beneficioso para la región y los que gobiernan en Cataluña en vez de tomar nota y hacer lo propio a mayor gloria de la república que preconizan van y se quejan de un supuesto "dumping". El concierto vasco, en cambio, les parece estupendo. Son unos incompetentes y unos envidiosos perfectamente representados en Madrid por ese supino indocumentado de Gabriel Rufián.

En su pavorosa inconsistencia han demostrado que su plan no es sólo destrozar Cataluña con una república de los chorizos del "trespercent" sino que lo que quieren es hundir España con una republica bolivariana dirigida por el Moños y su cuate, el bello Pedro. Y para ello nada mejor que una fiscalidad confiscatoria igual para toda España, salvo el País Vasco y Navarra, además de suprimir el español, el Ejército y la Justicia. 

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