Golpe de Estado institucional

Pablo Planas

Bastaría con que el Gobierno de España dejara de inyectar dinero en las arcas de la Generalidad para que Artur Mas tuviera que montar sus grandes anuncios y la consulta separatista con dos velas y flanqueado por el cobrador del frac y el torero de los morosos. No haría falta siquiera recurrir a la Constitución o a la aplicación de la legalidad. Ni mucho menos, como fantasean los nacionalistas cada vez que ven un avión, organizar unas maniobras militares en el alto de la Panadella. Aciertan en el diagnóstico quienes sostienen que el problema del nacionalismo catalán es monetario, pero fallan en el tratamiento. El suministro masivo de dinero no aplaca los síntomas, al contrario. En cambio, si la administración catalana hubiera de sostenerse sobre los recursos propios estaría en quiebra desde hace años. No es el caso porque dispone de abundantes fondos procedentes del Estado, de los ayuntamientos y de las diputaciones (o sea, tres veces el Estado) para mantener embajadores, sostener TV3, montar raves de historiadores contra España, mantener un sistema educativo doctrinario y discriminador, fomentar el engorde de las cuentas suizas de los más ilustres dirigentes nacionalistas y, con las propinas, convocar una consulta ilegal cuyo primer efecto es ahondar en la fractura social.

Como esto ha funcionado así durante treinta años, el anuncio de Mas de que ya hay fecha y pregunta para el referéndum ha parecido uno de esos viejos spots televisivos de las burbujas freixenet, con un selecto grupo de diputados del frente nacional arropando al representante ordinario del Estado en Cataluña en el momento de pasarse sus atribuciones por el arco del triunfo. Más contentos todos que unas pascuas en la seguridad que la legalidad no cuenta y la deslealtad da votos. Como si ya hubieran ganado, celebrando la victoria del sí a todo lo que se proponen. Saben, además, que nunca van a estar más cerca de sus propósitos que después de tres décadas de adoctrinamiento contra España. Y confían en que Rajoy se mantenga en sus trece de dejar hacer, pese a que el desafío de Mas ha entrado ya en una fase de no retorno que debería obligar al presidente del Gobierno a remover algo más que la dirección de La Vanguardia.

Se duda si podrá llevarse a cabo este referéndum. Gran firmeza retórica en las primeras reacciones del PP y del PSOE. También había muchas dudas sobre la capacidad de los partidos nacionalistas para ponerse de acuerdo sobre la fecha y la pregunta. Se teorizaba incluso que las discrepancias ocultaban una sutil maniobra para encontrar la salida al laberinto en un callejón sin salida, así de confuso es eso que llaman política catalana. Pues fue que no. Ya hay pregunta (o preguntas, mejor dicho) y fecha. El 9 de noviembre del próximo año. Los propagandistas de la Generalidad ya han hecho constar la coincidencia no sólo con el Tricentenario del España contra Cataluña sino con el XXV aniversario de la caída del Muro de Berlín. ¡Qué hábil Mas! Te vende la caída del Muro mientras sus chicos del Cesicat preparan el despliegue de una valla (con concertinas, foso y campo minado) entre el Ebro y la meseta.

En cuanto a la pregunta, la fórmula está a la altura de las expectativas creadas. Semejante campeonato de masas encefálicas (CiU, ERC, IC y las CUP) no podía dar mejor resultado, a la altura de la letra pequeña de una preferente. Si usted quiere que Cataluña sea un Estado, marque sí. Sólo si ha marcado sí, responda la subsiguiente pregunta: ¿quiere que el Estado sea independiente? Marque sí o no. Si es que sí, muchas gracias por su participación. Usted ha votado que quiere que Cataluña sea un Estado independiente. ¿Pero si es que quiere que Cataluña sea un Estado, pero no que sea un Estado independiente? Entonces, ¿qué quiere? ¿Que sea un Estado paria, un estado de ánimo, una colonia francesa, una república islámica, qué, qué, qué? Para que esto fuera legal no necesitaría ser lógico, pero que la pregunta no sea lógica ni la convocatoria legal no quiere decir que no vaya a celebrarse una votación, caiga quien caiga, pues bueno es Junqueras. Se pongan como se pongan los empresarios que no se lo creían, los políticos que lo dudaban y los teóricos del nunca pasa nada. ¿Y ahora qué, a pedirle a la gente que vote que no en un referéndum ilegal para legalizarlo de facto? En lugar de antecedentes, Mas acumula precedentes, por la vía del silencio administrativo, y facilidades económicas, por la vía del Estado.

La irresponsabilidad de Mas apela directamente a la responsabilidad de Rajoy, porque lo que se dirime es un asalto en toda regla a la legalidad, un golpe de Estado institucional, un ataque brutal a la convivencia. Se puede relativizar, hablar de motín a bordo del camarote de los hermanos Marx, de ridículo monumental y de espectáculo lamentable. Sí, vale, pero este proceso (basado en las falsedades de unos y en la dejación de todos) empobrece y enfrenta a los ciudadanos, a los que viven en Cataluña y a los del resto de España.

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