El soldadito español, Sánchez y Trump

Pablo Planas

Qué vida la de Pedro Sánchez. Un día se pasea de la mano con Quim Torra hasta la fuente del amor adúltero y al otro le dice unas palabritas cariñosas al amo del hemisferio occidental, Donald Trump, en la cumbre de la NATO en Bruselas. El ahora presidente empatiza a tope con personajes a los que antes consideraba infames racistas, energúmenos agresivos, bípedos defectuosos.

Sin ir más lejos del género tópico, en la hemeroteca de las redes sépticas consta un trino de Sánchez dirigido a Trump en el que nuestro actual presidente (al que por entonces habían echado del PSOE tras cambiar todas las cerraduras de Ferraz) le decía al ahora amigo americano que dejara al mundo en paz. Es más, le espetaba de antemano que la manera más segura de ganar una guerra es no empezarla. Se nota que a Sánchez le suena El arte de la guerra de Sun Tzu. Y si la guerra te la declaran, qué. El episodio quedó recogido en una detallada información de este diario.

Total, que un año y pico después, Sánchez se ha topado de bruces con el presidente de los Estados Unidos y no le ha llamado zanahorio zarrapastroso, sino que se ha mostrado tan o más encantador si cabe que con el president Chistorra de los CDR del partido lazi. Entre rastrero y zalamero ha estado el todavía flamante. Los medios sanchistas acentúan que no va a subir el presupuesto en Defensa, como exige Trump. La propaganda añade además que ha sido el primero de los premieres en oponerse a los deseos del César. Lo que no se cuenta tanto es que Sánchez prefiere pagar en sangre que en metálico, a pesar de que no se trata ni de su dinero ni –mucho menos– de su sangre. La alusión a las "capacidades" y la "contribución" españolas en las misiones internacionales indica de manera fehaciente la predisposición presidencial a mandar soldados a primera línea de fuego equipados con chándales de la Roja y mala leche.

Dadas las proverbiales características del soldadito español, los presupuestos de Defensa son el chocolate del loro. El militar nacional es la versión avanzada del guerrero espartano que a falta de medios es capaz de dejarse matar a pecho descubierto, más que nada porque a la fuerza ahorcan. Ese fue el caso de los siete agentes del CNI asesinados en Irak el 29 de noviembre de 2003. El último de Latifiya cayó media hora después de iniciada una emboscada insurgente con ametralladoras, cohetes y fusiles de asalto. Viajaban por el triángulo de la muerte en coches sin blindaje, sin escolta y sin ninguna clase de equipación militar. Sólo llevaban pistolas. Dos murieron al instante. Los demás agotaron el cargador.

Asegura Sánchez que comprende las exigencias de Trump. Son las mismas, blanquea, que las de Obama. Y garantiza que está y estamos "comprometidos" con el eje transatlántico, con la defensa del continente, de Occidente y de la paz mundial. En ejecución del paso al frente, voluntarios a novios de la muerte. El soldadito nunca falla. Carne de cañón de primera calidad. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar este hombre para seguir en la Moncloa? Si la próxima foto no es con Kim Jong Un, será con el Papaflauta o con Puigdemont.

¡Elecciones, ya!

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