El rapero Valtònyc y el cortesano Pablo Iglesias

Pablo Planas

Un tribunal de apelación belga ha rechazado la extradición a España del rapero Josep Miquel Arenas, más conocido como Valtònyc. El chaval está ufano, como una moto. Dice que en Bélgica sí que hay justicia, a diferencia de lo que pasa en "África del norte", que es como se refiere a su patria. Las radios de Cataluña le han dado cancha para que se harte de decir que "puta España" y que "mori el Borbó", gritos que han resonado con especial reverberación en la emisora propiedad del conde de Godó, a la sazón grande de esa misma España en la que se ciscan sus empleados y los invitados de sus empleados.

Todo en orden. Si Javier Godó es grande de España, el exvicepresidente Pablo Iglesias, colaborador de la referida radio, posee desde ayer la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III por sus servicios "eminentes y extraordinarios" a la Nación y a la Corona. De momento, el señor Iglesias, que blasona de tremendo republicano, no ha rechazado la condecoración. Tampoco Godó ha renunciado a la grandeza de España, a pesar de los también extraordinarios servicios de sus medios al separatismo.

La cuestión es que fue Iglesias quien le encargó una de las canciones por las que vaga en Bélgica el muchacho Valtònyc. Así lo ha afirmado por activa y por pasiva el desengañado rapero. Sucedió en los viejos tiempos de La Tuerka, aquella especie de programa de televisión en el que Rita Maestre ejercía de reportera que levantaba "miradas lujuriosas", según el ínclito Pablo.

Pasados los años, Iglesias tiene una gran cruz de una españolísima orden y Valtònyc, una orden de detención también española que le impide entrar en territorio nacional. Pero eso no quita para que el rapero siga confiando en los políticos. No hay más que ver el arrobo con el que mira a Puigdemont, que lo utiliza de mascota humana.

El asunto de Valtònyc tiene múltiples derivadas. Por un lado demuestra el odio que suscita España en la administración judicial belga. Primero los etarras y ahora los golpistas han encontrado en el país un acomodado refugio. Los abogados de Valtònyc han conseguido incluso que en Bélgica ya no se consideren delito las injurias al Rey, aunque habría que ver lo que ocurre si el rapero dijera de Felipe de Bélgica las mismas cositas que ha dicho de Felipe de España, de su padre y de la Familia Real española en general. También sería cosa de ver qué pasaría si en vez de desear bombas, muertes, secuestros, tiros en la nuca, navajazos y demás lindezas contra políticos del PP, el amigo Valtònyc hubiera utilizado su habilidad rapera para proponer todo eso contra elementos del separatismo o de la izquierda.

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