El mequetrefe Rufián y la amnistía del 77

Pablo Planas

El grupo parlamentario de ERC en el Congreso de los Diputados ha entrado en una peligrosa deriva. La diputada Montserrat Bassa, hermana de la indultada Dolors Bassa, ha pedido información exhaustiva de los establecimientos de la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Ejército en Cataluña. En su solicitud pretende también que se le den detalles sobre número de personas, funciones y destinos, informaciones que se deben guardar en secreto en prevención de situaciones que son fácilmente deducibles.

Esta diputada no tuvo ningún reparo en manifestar desde la tribuna de la cámara su odio a los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y llegó a exigir su expulsión de Cataluña. Al margen de los diputados que han representado los intereses de ETA en el Congreso, es imposible encontrar en las legislaturas de la democracia un equivalente a la intervención de esta Bassa.

El jefe de los republicanos catalanes en Madrid, Gabriel Rufián, no se queda atrás. A él se debe la recuperación en el Congreso del estilo macarra matón. A preguntas de determinados medios se niega a contestar porque dice que no participa de "burbujas mediáticas de la ultraderecha" y en el estrado se conduce como un auténtico mequetrefe que pretende dar lecciones políticas y morales desde la más pura indigencia intelectual.

La última de ERC es pedir la derogación de la amnistía del 77. Esto es que los golpistas que reclaman una amnistía para los delitos cometidos en nombre del independentismo catalán pretenden que se juzguen los que ellos consideran crímenes del franquismo que habrían quedado impunes gracias a aquella amnistía. Pero la derogación no sólo afectaría a los delitos cometidos por la extrema derecha, sino también a los de ETA, el FRAP, los Grapo y los terroristas separatistas catalanes. A ver si no va a ser tan mala idea.

El problema, uno de tantos, es que ERC dispone de 13 diputados en el Congreso que chulean al Gobierno, al PSOE y a Podemos con un desparpajo más propio del barrio chino que de la Carrera de San Jerónimo. Igual que ocurre en Cataluña con la CUP, donde nueve diputados se mofan del Gobierno separatista y cuatrocientos militantes del conglomerado antisistema deciden sobre los presupuestos que afectan a siete millones de personas. Claro que se lo ponen a huevo. No hay más que ver al consejero de Economía de la Generalidad, Jaume Giró, ex director general de la fundación bancaria de la Caixa nada menos, que ahora se arrastra suplicando el visto bueno de los cuperos a sus cuentas. Se conoce que trata de redimirse después de décadas de culto al capitalismo.

Una de las imperfecciones más groseras de nuestra democracia es la perversión de las minorías con una ley electoral que convierte en imprescindibles e inevitables a los partidos nacionalistas en España y en imbatibles a los partidos nacionalistas en Cataluña. Sería hora de que, por dignidad y por los intereses de la mayoría de los españoles, los dos partidos mayoritarios abordaran esta cuestión, aunque no parece preocuparles mucho su dignidad ni aún menos los intereses de los españoles.

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