El empresariado catalán

Pablo Planas

La frivolidad es un encantador atributo del empresariado catalán que brinda con champán por el futuro del cava. Las grandes empresas de Cataluña también se distinguen por estar en manos de las relajadas terceras o cuartas generaciones de las estirpes fundadoras, lo que explica la soplapollez genética implícita en determinados temblores del labio superior y el característico enarcamiento de ceja que diferencia a los pata negra de los nuevos ricos que estiran el dedo meñique cuando trincan la taza de café.

Amaneramientos al margen, el Foment del Treball, que incluso en tiempos de Pujol se llamaba Fomento Nacional del Trabajo, no debería parecer la típica agrupación de boletaires que más allá de sus afanes micófagos y recolectores es partidaria del bien común y la paz mundial. En cambio, eso es lo que parece. Su presidente, el distinguido y notable Joaquim Gay de Montellà, ha aprovechado el copetín de Navidad con la canallesca para abogar por un referéndum con matices sobre la unión de Cataluña con el resto de España: dentro de la Constitución, pactado con el Estado y cuando las situaciones económicas de España y Cataluña hayan mejorado.

Está claro que el señor Gay de Montellà puede ser un lince de los negocios (tiene intereses bancarios, inmobiliarios, turísticos y vinícolas), y que está a la altura de su tatarabuelo don José Ferrer y Vidal, cuyo retrato figura en la colección de presidentes de Fomento, que lo fue entre 1880 y 1882 con unas patillas y un mostacho perfectamente decimonónicos. Ahora bien, de política es probable no tenga ni p... idea, a tenor de sus comentarios en el agasajo a los plumillas. El mismo día en que Soraya Sáenz de Santamaría descartaba de plano un referéndum de independencia, el representante de los empresarios se metía en el fangal de abogar por el derecho a decidir.

Algo muy raro pasa en la clase empresarial catalana. La reina de las bebidas carbonatadas se hace embajadora del separatismo y el representante de los empresarios se apunta a una consulta separatista. Perfecto. Los diputados de la CUP lo celebran rompiendo la foto del Rey en solidaridad con los cuatro cuperos y un podemita que se negaron a declarar ante la Audiencia Nacional por hacer lo mismo, pero con fuego, en el colofón del pasado Onze de Setembre.

Según Gay de Montellà, antes de incendiarlo todo se necesita un "diálogo tranquilo" para lograr del Estado una pasta gansa. Luego, Dios dirá. A los pastosos, las gansadas de la CUP hasta les hacen gracia y apoyan en todo a Pujol, Mas y Puigdemont. El contexto les ha privado de sus historias familiares. Se declaran "catalanistas" pero obvian que sus fortunas nacieron, se favorecieron o consolidaron cuando las tropas de Franco entraron por la avenida de la Diagonal. Lisa y llanamente. Venga, votemos. Si ganan los suyos, arderán y los colectivizarán como en el 36. Que les den candela.

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