El caso del periodista Rius y dos mamarrachos

Pablo Planas

La situación política en Cataluña ha llegado a unos extremos de degradación insólitos. Los partidos separatistas han convertido el parlamento y la Generalidad en auténticos muladares donde anidan los elementos más incompetentes, desvergonzados y desaprensivos, políticos de una bajeza sin precedentes, gentes sin atisbo de moral o vergüenza, verdaderos jetas. El deterioro está presente en todos los niveles de la administración autonómica y amenaza con pudrir por completo la vida pública, sometida a la mezquindad del separatismo supremacista.

El último ejemplo es la retirada de la acreditación para acceder a las ruedas de prensa del Govern del director del diario digital e-notícies, Xavier Rius. A este periodista se le ocurrió preguntar en la última comparecencia de la portavoz del ejecutivo por la opinión de la Generalidad sobre las "bromas" de carácter sexual perpetradas por dos supuestos humoristas a sueldo de TV3 que tenían como protagonistas/víctimas a doña Letizia y la princesa Leonor.

Jair Domínguez y Lluís Jutglar, alias Peyu, son los dos sujetos que fantasearon con felaciones y a los que no les importó ni siquiera que la princesa sólo tenga quince años. El "gag" no llegó a emitirse pero ha tenido amplia difusión en las redes sociales a cargo del tal Peyu, que se quejaba de que TV3 le había censurado. Estos dos mamarrachos, especialistas en el típico "humor" separatista del caca, culo y "puta España", siguen cobrando de la televisión pública que pagan todos los residentes en Cataluña por mofarse de más de la mitad de dicha población. Es decir, de quienes hablan español, de quienes se sienten españoles, de quienes no comulgan con el separatismo, de quienes no saben hablar catalán, de quienes han emigrado de otras partes del resto de España o del mundo, de los guardias civiles y policías nacionales, etc, etc. Y "bromear" con sexo oral a cargo de una menor es su nivel.

El periodista Rius preguntó por la cuestión a la portavoz Patrícia Plaja en los siguientes términos: "¿Usted se imagina que yo le dijera que lo que me gustaría es que me la chupara o que me la chupara un menor? Eso es lo que han hecho dos humoristas de TV3, que es un medio público". La respuesta ha sido retirar el pase al informador, que se caracteriza por hacer preguntas incómodas, por repreguntar y por salirse del férreo guion impuesto por los servicios de prensa de la administración golpista.

En una miserable carta un alto cargo de la Generalidad justificaba la retirada de la acreditación por "haber denigrado a las mujeres". Mientras tanto, Domínguez y Peyu siguen con sus colaboraciones en TV3 y Catalunya Ràdio y sólo unos pocos medios se han hecho eco en términos críticos de la censura ejercida contra Xavier Rius, de la vulneración de sus derechos, de cómo la Generalidad pisotea la libertad de expresión y de información y ampara, en cambio, a un par de enfermos de odio como los citados.

De modo que en Cataluña se puede vejar a una menor de edad y a su madre con la excusa de que se trata de la reina y la princesa, pero no se le puede preguntar a la portavoz del Govern por el asunto, que se ofende la pobrecita. Por cierto, que la tal Plaja no es consejera y ni siquiera asiste a las reuniones del gobierno de Pere Aragonès. La pusieron ahí porque ningún miembro del ejecutivo regional quería asumir el desgaste sufrido por anteriores portavoces motivado, entre otras razones, por las preguntas de Rius. El hecho de que Plaja no esté presente en las deliberaciones de los consejeros convierte las ruedas de prensa en una especie de patéticas comparecencias que sólo sirven para que el gobiernillo separatista dicte los titulares que quiere que salgan en la prensa a través de la citada señora.

De momento no es previsible que el ambiente político y periodístico en Cataluña cambie, salvo a peor.

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