Díaz Ayuso, la única alternativa

Pablo Planas

Ya va para tres semanas que Moncloa mantiene en cartel el espectáculo "Nadia contra Yolanda, kárate a muerte en la reforma laboral", una pelea arbitrada por Pedro Sánchez, que no duda en zancadillear a Calviño si aprecia en apuros a Díaz o en maniatar a la vicepresidenta segunda si la primera amenaza con desplomarse sobre el barro.
Por razones que responden a la más estricta propaganda y son por completo ajenas a la economía, PSOE y Podemos han dado en concluir que la reforma laboral aprobada por un Gobierno del PP en 2012 requiere ser alterada, purgada, tuneada e incluso derogada a mayor gloria de las centrales sindicales que lideran Unai Sordo y Pepe Álvarez, auténticos pigmeos del metal en comparación con sus antecesores. Como si la izquierda pudiera hacer algo en materia de legislación laboral que tenga el más mínimo sentido.

Las vicepresidentas debaten, discuten, pelean y quedan en evidencia mientras el presidente contempla complacido el lamentable panorama y sopesa cómo poner fin a la batalla para aparecer como el hombre pragmático, cabal y providencial que se cree que es. Lo mejor de todo para el Gobierno es que la pelea de Díaz y Calviño ni siquiera le pasa factura. Y en este caso no será porque una gran parte de los medios trate de ocultar el asunto. No ocurre como con el recibo de la luz. Todo lo contrario.

La bronca entre ambas señoras sirve precisamente para tapar la escalada inflacionista y la incompetencia supina de otra vicepresidenta, Teresa Ribera, incapaz de proponer medida alguna que sirva para frenar el alza de la energía eléctrica sin causar un estropicio. El horizonte no puede ser más negro. Inflación, desabastecimiento, pobreza. Hay informes que hablan de que más de un cuarto de la población española está en riesgo de exclusión y el Gobierno surfea la situación sin perder el equilibrio, como si esto fuera una mezcla entre Hawái y Suiza.

Tiene a su favor Moncloa la pavorosa inepcia de la dirigencia del PP, que en vez de hacer oposición a Sánchez se la hace a Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de Madrid, en una de las operaciones más torpes, sicalípticas y psicotrópicas de la historia de la derecha española, que ya es decir. Pablo Casado y Teodoro García Egea son como esos chicos torpes y descoordinados que en el patio de la escuela atacan la portería que no es y acaban metiendo gol, pero a su portero. Las incomprensibles arremetidas contra Díaz Ayuso son un monumento a la estulticia, un canto a la estupidez, una loa a la memez, un desdichado ejemplo de insuficiencia política.

La luz es un lujo, se acerca el frío, suben el gas, la gasolina y el pan, España está en el furgón de cola de la supuesta recuperación tras la pandemia, el desabastecimiento se cierne sobre la industria, las perspectivas son aterradoras y a Casado y García Egea lo único que les interesa es cargarse a la presidenta de Madrid porque les hace sombra aunque ella no quiera. No tienen ni pies ni cabeza. Entre ellos y Sánchez han convertido a Díaz Ayuso en la única alternativa al Gobierno socialcomunista.

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