Depende de Rajoy

Pablo Planas

Quim Torra. El número once por Barcelona de la lista de Puigdemont es el presidente número 131 de la Generalidad catalana. Se debate en el diluvio si este personaje tiene vida propia o es un muñeco del expresidente autonómico catalán prófugo de la Justicia española. Todavía no es oficial el nombramiento. El primer trámite es que salga publicado en el Diari Oficial de la Generalitat, que aún depende de Mariano Rajoy.

Torra no se ha andado por las ramas en su consagración. Pide perdón a los españoles que se hayan sentido ofendidos por ser españoles y jura ser fiel a Puigdemont. Su primera providencia es correr a Berlín para dar una rueda de prensa conjunta con el president (este martes a las cuatro de la tarde), al que ha jurado lealtad, fidelidad y amor eterno al inicio de todas sus intervenciones en la última sesión de investidura en el Parlament.

Este caballero es todo un personaje, como demuestran sus cientos de mensajes y artículos alusivos a la superioridad catalana sobre la infrahumana raza hispana. Está dispuesto a ejercer de piloto de pruebas de Puigdemont tras superar con éxito la cuarta investidura gracias a la abstención de la CUP y a que a Rajoy no le ha dado la gana recurrir en el Tribunal Constitucional los votos delegados de Puigdemont y el otro fugado, Comín.

Carne de cañón voluntario, Torra no tiene más partido que el dedo de Puigdemont. Es cierto que su antecesor también era un don nadie antes de que Mas, el chiquilicuatre de Pujol, le ungiera depositario de la diputación identitaria en forma de generalidad republicana. Estudioso y depositario académico del auténtico catalanismo, el xenófobo, racista y fascista de Estat Català y Nosaltres Sols, Torra está a punto de cumplir el sueño de vida, presidir la recreación de las condiciones previas a una guerra civil. De primeras ya les ha dicho a las diputadas de la CUP que "els carrers seran sempre nostres". Arrivederci 155, ciao vendetta catalana. En las manos del Gobierno está parar al tal Torra, el presidente de los Comités de Defensa de la República. Es tan simple como aplicar de verdad el artículo 155 de la Constitución.

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