Caída de Rivera y auge de Vox

Pablo Planas

Se le notaba aliviado a Albert Rivera al anunciar que deja la política. El separatismo ya no es su problema. Tampoco Pedro Sánchez, Pablo Iglesias o su propio partido, Ciudadanos. Es como si se hubiera quitado un gran peso de encima. El desastre electoral ha sido su no hay mal que por bien no venga. La formación naranja se ha quedado tiritando en el Congreso, pero él ya no tendrá que cruzarse por los pasillos con tipos como Rufián o sus colegas bildutarras. Todo eso ya le es ajeno. Dice que ahora quiere ser padre, hijo, pareja y amigo. No le queda más remedio.

El independentismo celebra con gran alborozo su retirada. Gentes como el antedicho Rufián o el economista Sala Martín, el de las chaquetas de colores, le llaman "mala persona". A esos extremos de estulticia se ha llegado. Los separatistas se apuntan el tanto y camuflan el hecho de que siguen donde estaban a pesar de la sentencia del Tribunal Supremo y de la violencia en las calles mofándose del político catalán que con más vehemencia y eficacia les ha combatido y denunciado. Ellos también se han quitado un gran peso de encima.

Pudiera ocurrir que Ciudadanos sobreviva a la dimisión de quien ha sido su líder desde el momento fundacional. Dependerá del temple de Inés Arrimadas y de que el partido vuelva a las esencias de una formación que no fue creada para hacer de bisagra en Madrid sino para derrotar al nacionalismo. Lo consiguió hace dos años, en las autonómicas del 155, pero desde ese momento todo fueron errores, el primero de ellos no optar a la investidura en el Parlament, por muy condenada al fracaso que estuviera, y el segundo, la marcha a Madrid de Arrimadas. Otro error fue demonizar a Vox, el partido al que se ha ido una parte de sus votantes, seguramente la más preocupada con la deriva separatista.

La victoria de la que presumen los independentistas es la caída de Ciudadanos. Por lo demás, están lejos de alcanzar la mitad del electorado, y eso que la condena del Supremo a sus líderes se iba a traducir en un tsunami de votos, en una sentencia contra el Estado y en el principio de la república. En total, han sacado un escaño más que el 28 de abril y gracias a la irrupción de la Cup, partido del que ya sabemos que tiene la misma fuerza que Vox en Cataluña, 244.754 votos los antisistema por 243.026 votos la formación antiautonomías. Aun así, no es previsible que en TV3 traten a Vox con el mismo respeto que muestran por la Cup. Les seguirán llamando fascistas, como hacen con Arrimadas. Pero los insultos engordan al partido de Abascal.

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