Absolución de un niño del Brasil separatista

Pablo Planas

Este lunes se ha celebrado en Barcelona la vista contra un jovencito de 20 años de las juventudes de ERC acusado de desórdenes públicos, atentado contra la autoridad, lesiones y ocupación de la vía pública. La Fiscalía pedía ocho años de cárcel. En el caso concurren todas las circunstancias que han hecho del proceso separatista uno de los mayores agujeros negros de la lógica en nuestra historia reciente.

El chaval participó en la manifestación de una huelga general contra el juicio por el golpe de Estado convocada por la Intersindical, un sindicato separatista dirigido por Carles Sastre, el tipo que asesinó a Bultó. Es más que probable que nuestro muchacho no tenga ni puñetera idea de quién es Sastre, a quien en TV3 bautizaron como "un gran reserva del independentismo" por firmar un manifiesto a favor de Mas sin explicar siquiera que su paso por la cárcel era por asesinato.

De haber conocido el historial terrorista del personaje, puede que nuestro chico se hubiera pensado ir a la mani, aunque lo más probable es que pensara que Bultó era un "fascista" sin tener otra vez ni idea de quién era y a qué se dedicaba el asesinado. Tanto que promueven la memoria histórica la Generalidad, el nacionalismo, los socialistas, los podemitas y quienes aún creen la camama del catalanismo, pero el caso es que no pasan de las leyendas edulcoradas sobre Puig Antich, fusilado en 1974 por asesinar al policía de 24 años Francisco Anguas Barragán.

La cuestión es que nuestro joven, que se llama Pol Serena y es de Mataró, acudió a la manifestación y se metió en medio del fregao, delante mismo de los antidisturbios de los Mossos d'Esquadra. Y ha contado ante el juez que sí, que allí estaba él mientras los policías retrocedían bajo una lluvia de objetos, latas de cerveza, piedras y demás objetos lanzados por los cívicos, pacíficos y festivos manifestantes. El chaval reconoce que lanzó dos botellas de agua, en realidad la misma botella dos veces. Sostiene que la botella estaba vacía y no se podía "direccionar" y que al avanzar sobre los Mossos (jo, tío, qué pasada) se encontró la botella en el suelo y la volvió a tirar contra los agentes. De ahí se fue para casa o a tomar unas birras, da igual.

Aquello fue el 29 de febrero de 2019. Meses después, el 21 de junio, fue detenido por los Mossos y pasó un día en el calabozo. La policía autonómica de Cataluña le atribuía las lesiones leves que habían sufrido dos agentes. A partir de ese momento, Pol entró en la espiral de la celebridad independentista. Cuando se tuvo conocimiento de la petición fiscal, su cotización subió como la espuma y días antes del juicio se convirtió en la mascota de los indultados por Sánchez, que lo paseaban por los pueblos en los homenajes a los llamados en TV3 "presos políticos". Esa misma TV3 le entrevistó el pasado sábado por la noche, un día antes del juicio, para que recitara la lección con todos los tópicos del separatismo: cabeza alta, no nos rendiremos, lo volveremos a hacer, no podrán con nosotros y España es una dictadura.

Los cachorros de ERC lucen unas camisetas negras con la leyenda "Pol absolució" y un ocho formado por dos eslabones de cadena. Igual que las bolas de billar. Las samarretes han sido todo un éxito. Se han distribuido a capazos. Lo más de lo más en lo último de marketing indepe. Al muchacho le ha acompañado a las puertas del juicio la plana mayor de ERC, con Oriol Junqueras al frente. Sólo faltaba el presidente de la Generalidad, Pere Aragonès. Ahí estaban además dirigentes de la CUP y de Junts per Catalunya (JxCat), así como de Òmnium y de la Asamblea Nacional Catalana. Magno despliegue.

El chico ha resultado absuelto. La presión sostenida ha sido un éxito. Y eso que la propia Generalidad pedía seis meses de cárcel, lo mínimo, porque la ley le obliga a defender a sus funcionarios, en este caso los mossos lesionados por la criatura.

Todavía se tienen que celebrar decenas de juicios por aquella huelga, las salvajes protestas por las sentencias del golpe de Estado y las algaradas en repulsa por el encarcelamiento del rapero Hasel. En todas esas manifestaciones ha habido mossos y guardias urbanos heridos. En los últimos disturbios ocurridos en Barcelona se llegó a prender fuego a una furgoneta de la policía municipal con dos agentes dentro. En aquellas mismas fechas se asaltó la comisaría de los Mossos de Vich y tampoco hubo muertos de milagro.

Aún resuenan las palabras de ese personaje nefasto y abyecto que es Torra a los energúmenos de los Comités de Defensa de la República (CDR): "Apreteu, apreteu". Y bien que apretaban chicos como Pol, los que asaltaron el aeropuerto de El Prat (un ciudadano francés murió de un infarto) o los amigos de Hasel que prendieron la furgoneta de la Guardia Urbana. Y bien que agradecían los golpistas presos tantas muestras de solidaridad, conmovidos por la entrega de las juventudes separatistas.

De modo y efecto que la Generalidad acusa a Pol, los dirigentes de la Generalidad defienden a Pol y un juez absuelve al mismo Pol al que Junqueras acompaña amoroso hasta las puertas de la sala porque el chico, uno di noi, no hizo otra cosa que seguir las consignas, arengas y soflamas de sus mayores, que le prometían impunidad y minutos en TV3, camisetas con su nombre y quién sabe si hasta un futuro en política, tanto da en la república catalana que en esta región de España, que otra cosa no es Cataluña. En su cuenta de Twitter el mensaje fijado es "Quiero ir a vivir a Cuba. ¿Alguien se apunta?". ¿Se puede ser más tontín?

Quién sabe, a lo mejor el niño llega a presidente de la Generalidad. Sigue el mismo camino que Aragonès, pero con más méritos incluso porque el actual presidente de la Generalidad nunca consiguió ser juzgado. Ni siquiera por el golpe de Estado, y eso que era el subalterno de Junqueras.

Pol, además, es un fruto esférico de la escuela catalana, esa misma de la que Jordi Cuixart, el jefe de Òmnium, dice que es la cantera de los "luchadores" por la independencia. "Los niños que crecen juntos en la escuela catalana son los niños que defienden los derechos fundamentales en la calle", afirmó el viernes en el sesenta aniversario de la entidad. Niños, sí, como Pol, los niños del Brasil del separatismo. Les han prometido que el mundo estará pronto a sus pies.

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